Editor: Mario Rabey

30 de noviembre de 2010

Jorge Pinchevsky en Paris

por Herico Campos Cervera
LECCIONES DE MÚSICA
Era lindo ver a Pin tocando su violín [...]
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5 comentarios:

María Clara dijo...

Herico: este texto sobre PIN es maravilloso. Que delici leerte con tu gran capacidad y sobretodo, esa sensibilidad que te caracteriza. Bravooo!

Anónimo dijo...

el colorado lafleur murio el mes pasado tambien

Hydra de Lerma dijo...

Que conmovedor Herico, este relato de tu vivencia con Pin en Paris; aunque ya no este con nosotros me llena el corazon de alegria el tener un pantallazo de su vida por otros pagos.
Fuimos amigos y camaradas en Argentina (cuando renuncio a su puesto en la sinfonica de La Plata para hacer su propia musica) y en Uruguay, compartiendo la misma admiracion por Jean Luc Ponty y las puertas de la percepcion una vez abiertas. En ese entonces aun no tenia la dependencia con la que lo conociste, sino que sabia medirse y seleccionar sus ascensores.
Bellisima persona!
Una perdida para la musica argentina.
Me alegra que haya otros que recuerden su generosidad.

Claudia Carlisky dijo...

Recien caigo en esta nota. Fui amiga de Chipi desde chica, de Ariane, varios anios. Ahora la perdi de vista. Los conoci a sus hijos, y claro a Alejandro, al principio de los anios 70 cuando llegue a Buenos Aires. En cuanto a Pinchevsky, lo vi una solo vez y fue con vos Mario, debia ser en el 72, al regresar de contrabando en un tren de mercancias de La Plata, donde habiamos ido a visitar a La Cofradia de la flor solar. Solo lo conoci a traves de la admiracion y de las anecdotas que me conto Ariane, entre otras como la madre los hizo buscar por Interpol para que la dejara a la hija.

Alberto Bächler dijo...

Estoy en Córdoba, terminando un periplo de reencuentros con recuerdos que pocas veces son míos, pero casi siempre son mas míos que los propios.
Soy chileno, conocí estos lares por las historias que me contó Dora, la santiagueña de la que me había enamorado y lo que me contaron aquellos a los que por esos azares de la vida tuve de la suerte de darles de comer o un espacio para cantar o tocar la guitarra... o el violín.
Pin apareció un día en nuestro restaurant, pequeñito, flaco, con su cabellera rizada, sus mirada iluminada de una misteriosa oscuridad; con el violín en ristre, con esos sonidos que sacaba detrás del puente que no había escuchado nunca.
Chipi le había dicho que se acercara...
Y Pin apareció, mágico, con esa magia que podía ser destructora.
En el restaurant improvisamos un estudio en el que durante un par de semanas, los domingos, grabamos esa orquesta plagada de saxofones que tu mencionas. Yo no conocía mucho a los demás. Era Pin y Julio (no recuerdo su apellido), que tocaba clarinete, clarinete bajo y barítono. Julio era un gran lector y, para mi, extrañamente, admirador de Spengler. Yo tenía, no sé 23, 24 años y trataba de entender.
Pin vivió en mi casa, en fin mi departamento, durante un mes o dos. Conocí sus esfuerzos por dejar el caballo y su resignación a seguir seguir cabalgando con el.

Hoy, en Córdoba, después de haber recorrido solo buena parte del noreste argentino, 35 años mas tarde, comiendo solo en un restaurant, hago memoria, una vez mas... este viaje ha sido, insisto, la persecución de recuerdos que no tengo, me acuerdo, o trato de acordarme de algunos cordobeses, o tucumanos, santiagueños, bandeños... Recuerdo a Seguí, a una bailarina cuyo leitmotiv era Giselle (los recuerdos a ambos hablando un perfecto francés con un perfecto acento acento cordobés).

Me acuerdo de Chipi y me digo voy echar una miradita en Ia web...
Me encuentro con tu cuento y me entero que Pin ya no está.

No es que me sorprenda, años atrás después de haber vuelto a Chile, no recuerdo cómo supe que estaba en Grenoble, que se había emparejado y tenían un par de críos. Nunca supe como contactarlos, lo busqué varias veces estos años...

Ahora, buscando a Chipi me encuentro con esta historia.
Gracias Herico.

Un abrazo,
alberto@colegium.com
abachler@gmail.com