Editor: Mario Rabey

24 de agosto de 2011

Música en Internet: mercancía y conocimiento

escribe: Gabriel Destéfano

Los nuevos métodos de difusión y circulación de las obras musicales

El tema en cuestión, además de afectar y ser de gran interés para muchísimas personas, es también de una profundidad que comprende posturas morales y humanas que van mucho más allá de valores económicos. En primer lugar porque como músico y compositor (en realidad como artista, porque esto aplica a toda obra de arte o artesanía) creo que la obra no puede objetivarse ni analizarse como si se tratase de cualquier otro tipo de mercancia, ya que su influencia es capaz de superar largamente su propio tiempo e incluso a su propio creador. Claro está, esto no refiere solo a niveles de utilidad, sino emocionales e intelectuales. Por supuesto, el ejercicio creativo implica esfuerzo, dedicación y tiempo como todo trabajo. Y quien trabaja merece una remuneración por ello. Podríamos debatir respecto de lo que cada uno considera que entra en el concepto de "remuneración", pero en lo que a este debate respecta, la sensibilidad que siempre parece verse afectada es la referida a la remuneración económica.

Al momento de analizar este asunto, considero que es necesario observar la enorme y novedosa perspectiva que los nuevos medios y métodos de circulación nos presentan. Con el tránsito de música como se da hoy en día, la cantidad de gente que tiene la posibilidad y que de hecho llega a conocer la obra de un músico es inmensamente superior a la que podía llegar a ser antaño con los viejos medios de difusión. Gran parte de esa gente está fuera del espectro de público que, a la vieja usanza, hubiese podido realmente ser potencial comprador de un disco o una entrada para un show, ya que se llega a mercados lejanos a los que antes no había posibilidad (al menos tan inmediata) de llegar. Puede darse de este modo también que en ese lugar crezca el entusiasmo por determinada obra y se den otras situaciones positivas. La gente que quiere tener los discos, los que valoran esa obra de arte en su totalidad, los sigue y los seguirá comprando. A los que les interesa menos o realmente nunca les interesó, los bajarán, asi como antes los grababan en casette. En todo caso, bajarlo no es lo mismo que tenerlo materialmente, ya que no es la misma calidad de audio ni se disfruta de la obra total que representa el disco físico en si mismo. La situación abre una cantidad de posibilidades, de nuevos caminos por los cuales la música podrá transitar directa e indirectamente hacia nuevos oyentes. La cantidad de público que puede ir al show de un artista de mediana a poca repercusión en los medios tradicionales realmente se ve incrementado por esta nueva situación, depende luego de como cada uno utilice estas nuevas herramientas. Dicho sea de paso, este nuevo escenario viene a poner un fin no sólo al control de las discográficas sobre la ruta que recorre la obra, sino también a la posibilidad de manipular la misma usando como herramienta condicional las pocas opciones que puedan tener los músicos para darla a conocer.

Sin referirme a nadie en particular, me gustaría exponer también que una particularidad que siempre me pareció muy floja respecto de esta discusión es que en su momento no se veían tantos músicos preocupados por lo que se les robaba cuando las discográficas tenían monopolizado el tránsito comercial de la música y le cobraba a su público un precio absolutamente sobrevaluado para lo que es el real costo de un disco, aún cuando el músico ni siquiera percibía una remuneración acorde con esa sobrevaluación. Las discográficas se quejan porque se les va el negocio de las manos, algunos músicos se quejan porque ya no tienen acceso a las migajas debidamente reguladas y legalizadas que les dejaba ese negocio ajeno cuyo combustible era su propia sangre (porque es la propia vida del artista lo que nutre la obra verdadera), pero nunca nadie pareció interesarse con tanta vehemencia por el trato injusto al que se sometía al público, a los amantes de esa música. Ahora que esta situación ha dado un vuelco y la gente tiene la posibilidad de acceder, molesta. Bueno, humildemente y dispuesto a escuchar y comprender otros puntos de vista, creo que si en su momento se aceptaron las cosas como anteriormente se daban, hay que aceptar esta nueva vuelta, poner a prueba nuestra inteligencia y tratar de hacer lo mejor que se pueda con estás nuevas condiciones.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Muy interesante tu nota Gabriel.
Partiendo de lo que vos decís me permito hacer algunas reflexiones que me parecen complementarias.
Primero; pienso que es un hecho irreversible el recambio del soporte, me refiero del CD a los distintos medios de almacenamiento de última generación. De más está decir que los pibes menores de 20 años se criaron en la “virtualidad”, y jamás sintieron el placer de tener algo “concreto” entre sus manos, salvo el mp3, el ipod, o el celular (esto no es ni bueno ni malo simplemente “es”). Ahora, si bien es cierto que el CD no va a desaparecer de un día para el otro, es innegable que asistimos a su lenta decadencia como pasó con el vinilo y el cassette. Digo que no va a desaparecer rápidamente porque para muchos artistas todavía la edición de su obra en CD es la diferencia entre lo amateur y lo profesional. De hecho miles de bandas que forman parte de la UMI (Unión de Músicos Independientes), organización que integro, siguen apostando a este formato a la hora de presentar su arte en el mercado.
Otro hecho irreversible es la bajada gratis de canciones y películas por internet, aunque ahora ni siquiera es necesario “tomar” individualmente dicho material, solo basta con armar listas de reproducciones en Youtube, por ejemplo, y escucharlas cuando uno quiera y en el lugar que quiera. Por eso no han funcionado, ni funcionarán, las demandas contra los usuarios, pues las corporaciones saben que es como tapar el sol con las manos.
Otro tema que me parece importantísimo, es el resurgimiento de la música en vivo como contrapartida de lo que acabo de comentar. Gran parte de los nuevos artistas no dependen de las ventas de CDs, ni de las descargas digitales pagas, sino de la relación con los fans que concurren a sus recitales.
Por último me gustaría introducir en esta reflexión el tema del derecho de autor (Autor-compositor-intérprete, etc.) , porque es algo que atañe al ingreso y supervivencia de los músicos y creadores en general. Como los músicos también somos público, a muchos de nosotros nos interesa un acceso cada vez más “irrestricto” a lo cultural como derecho humano fundamental, pero al mismo tiempo que se desconozca y se burle el derecho de autor (más allá del material promocional on line que solemos subir a la red) nos empuja a la precariedad económica. Sabemos que es un tema difícil de abordar porque, insisto, en lo personal creo que no hay que criminalizar al usuario, sino buscar salidas que beneficien tanto a los artistas como a los “amantes de la música “. Una posibilidad sería poner el “ojo” en quiénes se llevan los dividendos por publicidad generados a partir de contenidos locales y regionales. Es perfectamente posible que de allí surjan los recursos para los creadores, y no del bolsillo de los usuarios, que después de todo ya realizan su aporte cuando cuando pagan una entrada para los shows en vivo. Cuando un músico independiente sube un tema suyo a Youtube y ese tema es escuchado muchas veces, saltan publicidades por todos lados. Alguien cobra por esas publicidades, pero la mayoría de las veces no pagan por el contenido que el músico subió.
Un gran abrazo-Eduardo Fagetti

Mario Rabey dijo...

Me gustó mucho la nota que hizo Gabriel, originariamente como comentario a otra nota del blog.
En ese caso, me pareció que daba para una nota autónoma y Gabriel me la envió corregida y aumentada (por mail, y así la edité y la publiqué.

Ahora me parece que con tu comentario, Edu, pasa lo mismo. Así que si querés podemos publicarlo como nota.

Si querés claro, en cuyo caso estás invitado a corregirlo y darle algo más de extensión, (¡no mucho, aunque sí lo que necesites, si es el caso, para aclarar alguna idea!).

Abrazo a ambos,

Mario