Editor: Mario Rabey

20 de mayo de 2009

Feliz cumpleaños Alejandro Dolina

LA DECADENCIA DE LA BOLITA

Alejandro Dolina

Por el contrario, los Hombres Sensibles aseguran que la desaparición del juego de las bolitas es el resultado de una conjura universal.

Este punto de vista es muy interesante y vale la pena elucidarlo.

En su monografía Faltan Bolitas, el pensador de Flores, Manuel Mandeb, plantea un interrogante que nos deja perplejos. Veamos.

“…Este juego parece haber empezado a languidecer en 1960. Pero puede afirmarse que en ese momento ya hacía por lo menos cincuenta años que se jugaba. Entonces había veinte millones de habitantes en el país, y no era demasiado audaz afirmar que, en el medio siglo de su auge, el juego de la bolita había sido practicado por diez millones de individuos en uno y otro momento de sus vidas. Ahora bien: ¿cuántas bolitas poseía cada niño aficionado, como promedio? Digamos cincuenta. Multipliquemos: cincuenta por diez millones. Son quinientos millones de bolitas. Bien, volvamos al presente: alguno de ustedes ha visto una bolita en el último año?

Seguramente no. Yo pregunto: ¿dónde están los quinientos millones de bolitas? ¿Quién las tiene?”

“Y no me digan que el tiempo las destruyó porque el viento y la lluvia no son suficientes para destrozar una bolita…”

“…Las canchas han sido arrasadas y hasta pavimentadas, los hoyos fueron rellenados, los jugadores se han visto tentados por otras disciplinas. Alguien está borrando todo vestigio del paso de las bolitas por esta tierra…”

Inspirado quizás en el trabajo de Mandeb, este texto pretende asentar las reglas, la técnica y la estrategia de las bolitas. La tarea no es fácil como parece. A favor de la campaña desarrollada por los Refutadotes de Leyendas y Los Amigos del Olvido, casi nadie recuerda los reglamentos. Por lo demás, todos sabemos que en cada cuadra había matices en la interpretación de cada norma lúdica.

No obstante, luego de la publicación de esta nota, es probable que algún pequeño número de pibes Sensibles se ponga a jugar, aunque más no sea a modo de desplante ante el Universo.

I – LAS BOLITAS

Se trata de pequeñas esferas, casi siempre de vidrio. Su diámetro es variable: las más chicas se llaman piojos o pininas, las medianas son las más frecuentes y están también las grandes o bolones, que suelen utilizarse en el juego del Triángulo.

Años atrás podían reconocerse diferentes pelajes de bolitas. Las más hermosas eran las lecheras. En ellas predominaba el blanco, siempre mezclado con algún otro color. Eran semiopacas, no se podía ver a través de ellas y la variedad de diseños y combinaciones era enorme.

Estaban también las semitransparentes, de colores fríos, casi siempre verdes o azules. Eran como cachos de sifón. En el interior a veces se adivinaba un filamento gelatinoso y más bien repugnante. Salvo excepciones, eran unas bolitas de porquería. Sin embargo, la última generación de niños jugadores solo conoció esas bolitas.

Las lecheras desaparecieron misteriosamente. Miles de personas jamás han visto una. Las más recientes son las llamadas bolitas japonesas más livianas que las convencionales, y totalmente inútiles para jugar. Su aspecto es el de una esfera transparente con un papelito de color en su interior.

Todo niño poseía una bolita preferida, que era la que utilizaba para jugar. Se la llamaba puntera. El resto de las bolitas servía para pagar las deudas provenientes de juego. Si acaso una racha adversa obligaba al niño a entregar la puntera, se le otorgaba a esta noble bolita el valor de cuatro o cinco.

También pueden citarse –como curiosidad- las bolitas de barro, los aceritos y hasta las de plástico (indefectiblemente ovaladas).

La identidad de los fabricantes de bolitas es un enigma. Nunca hubo marcas, ni envases ni publicidad. Algo muy raro debe haber en todo esto.

II – EL JUEGO DEL HOYO Y LA QUEMA

Pueden participar dos o más jugadores. El juego tiene lugar en una cancha de unos 5 metros de largo por 2 de ancho. La superficie de este terreno debe ser de tierra, pareja y árida, tal como la de las canchas de bochas aunque no tan blanda.

Es de buen gusto que un pequeño árbol se sitúe en uno de los costados. En realidad, los mejores lugares para instalar canchas de bolitas son los rectángulos de tierra que existen en las veredas del Gran Buenos Aires. En la Capital, como se sabe, las veredas llegan hasta el cordón y los espacios sin baldosas que rodean a los árboles son insuficientes. Por eso los chicos de la Provincia han sido siempre más diestros en este juego.

Hay cuatro líneas que limitan la cancha y una que la divide en dos, llamada mita. En el centro exacto de una de esas dos mitades, se encuentra el hoyo.

Y aquí nos topamos con otro punto de discusión. Algunos prefieren excavar el hoyo con una chapita de naranjín. Otros entierran una bolita y, después de extraerla ensanchan el cráter resultante. Los más desaprensivos clavan el taco en la tierra, y lo hacen girar, obteniendo de este modo enormes cacerolas que desvirtúan el carácter del juego.

Los jugadores se sitúan detrás de la línea de salida, que es la línea más corta más lejana del hoyo. Uno a uno van lanzando sus bolitas, tratando de colocarlas en el lugar más cercano al citado agujero. Esto es de capital importancia, pues después del tiro de salida, el primero en jugar será quien se encuentre más próximo al hoyo. De este modo, si uno observa que el jugador anterior ha conseguido arrimar demasiado bien, mejor será que no trate de superar esa marca y busque los lugares más seguros de la cancha.

El objeto del juego, aclaremos, es embocar en el hoyo y hacer impacto en las bolitas de los contrarios (quema). Los jugadores quemados van egresando del juego y pagando a quien los quemó. Cuando queda solamente uno, termina la ronda y comienza otra.

Cada participante va evolucionando con su bolita conforme a una cierta estrategia. Algunos persiguen a su presa y se van acercando cada vez más, aún a riesgo de quedar ofreciendo un blanco fácil. Otros buscan siempre los lugares lejanos y hacen tiros largos (es decir rugen). Si una bolita sale fuera de la cancha debe permanecer en el lugar donde ha quedado para que los otros jugadores le tiren, si así lo desean. Al corresponderle nuevamente el turno, el jugador podrá efectuar su tiro desde cualquier punto de la línea atravesada por su bolita al salir.

III – LA BOLITA Y EL CANTO

Para obtener prioridades y anunciar decisiones o reclamar la vigencia de ciertas reglas es necesario –en la bolita- pronunciar a voz en cuello algunos conjuros predeterminados. Veamos una pequeña colección de ellos.

Bolita cola: es en realidad la invitación o desafío a jugar y también la reserva del privilegio de tirar último. También puede decirse Bolita cola, no puntie, esclarecedora frase que indica que uno no tiene intenciones de someterse a ningún punteo o arrimada previa, para establecer el orden de salida.

Mita al medio, buena al tiro: canto que solo puede realizar el que tira último en la salida. Si el tipo considera que alguno de sus rivales está demasiado cerca del hoyo, le suelta el canto y le da el hoyo por embocado. Pero –eso si- lo obliga a poner su bolita en la mita, expuesta a su disparo inicial.

Buen repe: ante la proximidad de la pared, se grita este conjuro para indicar que si el impacto se produce de rebote, también será valido. El canto contrario es mal repe.

Pica paso: declaración de voluntad que asegura la posibilidad de colocar nuestra bolita a un paso de distancia, si un pique traicionero la pone a merced del rival. Algunos niños tahúres suelen retrucar de hormiguita, para reclamar que el paso sea pequeño. Voladora, agrega entonces el primer niño. Y se manda un paso de cuatro metros. También puede aullarse pica no paso.

Cuantas quiera: Como el jugador que emboca en el hoyo o realiza una quema vuelve a tirar, muchos niños proceden a sacudir tres o cuatro quemas seguidas a la misma bolita, con el fin de irse acercando a otros objetivos. Para poder hacerlo debe pronunciar las palabras que encabezan este fragmento.

Corta, retira no garpa: salvedad con que el pequeño que va ganado anuncia su derecho a abandonar el juego en cualquier momento, sin que este raje le resulte oneroso.

Bien sonati: exigencia más bien ranfañosa, según la cual se pretende que los impactos hechos en nuestra bolita hagan ruido o no se paguen.

Mueve pajita, garpa bolita: pareado pentasílabo que es de lo último y se profiere cuando la bolita contraria esta en medio del pastito.

Existen infinidad de fórmulas buena línea recorrida, hoyo antes de quema, buena mengua, etc. Cuando se quieren evitar los reces que provocan estos cantos, se juega a todas buenas, es decir, sin cantar.

IV – COMO EMPUÑAR LA BOLITA

Para efectuar el disparo, debe colocarse la mano izquierda alzándose sobre sus dedos en el punto exacto donde estaba la bolita. La mano derecha descansará sobre la izquierda y empuñará la bolita. Los zurdos harán exactamente lo contrario.

Hay dos formas clásicas de tomar la bolita: la antigua, despreciada muchas veces, y la moderna. En la primera, la bolita se aloja detrás del índice. En la segunda, detrás del mayor, sirviendo el índice como guía o mira.

Hay algo más. Algunos pibes muleros suelen extender la mano hacia delante acercándose a la bolita del adversario. Esta demasía se conoce con el nombre de ganfia o gañote y es el origen de innumerables reyertas.

En este punto conviene aclarar la existencia de otros juegos de bolita: el triángulo, el gayito, la Troya, la cuarta. Pasaremos por alto la complicada explicación de sus reglas.

El pasto ya ha crecido sobre las canchas. Los chicos ya no tienen las rodillas sucias. Los pantalones de medidas infantiles no tienen bolsillos. El pavimento y las baldosas lo cubren casi todo. Mandeb quizá tenía razón.

Existe una conjura universal para impedir el juego de la bolita.

Alguien tiene que ocuparse de indagar las razones de este complot y –si es posible- desbaratarlo.

Y hay que encontrar los quinientos millones de bolitas perdidas.

Hace pocos días, el autor de esta nota trató de dar con el frasco donde guardaba unas pocas docenas. No estaba. Tampoco estaba la caja de las chapitas, el álbum de figuritas ni el trompo ni los autitos con masilla.

Algo malo debe estar ocurriendo.

2 comentarios:

Marco Martínez dijo...

Increíble tu artículo. Tenía meses que no elía lgo tan bien escrito (y tan bien pensado. Acá en Guayaquil (en Ecuador) todavía se juega a las bolitas (o canicas); pero cada vez menos, la verdad.

Mario Rabey dijo...

El artículo no es mío, sino de Alejandro Dolina, que cumplió años el día en que se lo publicamos en mano de mandioca.

Y veo que las bolitas (o canicas) están despareciendo también en Ecuador.

Tenemos que hacer algo ... antes que no quede niguna canica (o Bolita) en el mundo.

¿Y qué pasa en Ecuador con los autitos con masilla, las figuritas, los trompos?

¡Paremos la conspiración contra el juego y los sueños!