Editor: Mario Rabey

19 de agosto de 2010

Contracultura en Argentina a principios de los 60s: Miguel Grinberg y Eco Contemporaneo

El texto de este artículo fue presentado por su autor en: Jornadas Jóvenes Investigadores 2009 Facultad de Ciencias Sociales, Universidad de Buenos Aires.

La foto (donde posan juntos Miguel Grinberg y el poeta beat norteamericano Allen Ginsberg), fue tomada por Ernesto Fernández, con la cámara de Miguel, en La Habana, Cuba, febrero de 1965, cuando ambos eran huéspedes de la Unión de Escritores (Allan Ginsberg Project)


El eco del futuro: Utopía y comunicación en la revista Eco Contemporáneo

por Carlos Gradin

"Revista inter-americana", así se definía Eco Contemporáneo desde la portada de su primer número en 1961, cuya editorial la presentaba como "un órgano de expresión no específico" (1). A cargo de Miguel Grinberg, y variados colaboradores, publicó trece números a lo largo de la década, en los que hoy podemos leer una inclusión marginal en ese campo que Claudia Gilman definió como el "programa común de la intelectualidad progresista del continente" (2). Pero en Eco Contemporáneo la cultura de izquierda aparece tamizada por influencias novedosas, como la literatura beatnik, en los primeros años, y el movimiento hippie, después. Cuba, el compromiso intelectual y la revolución, fueron centrales en los debates en revistas y encuentros de escritores de entonces, y Eco participó a su manera de este proceso, pero con definiciones y estilos desde su primer número, que hacia el final de la década hicieron que su proyecto derivara en algo tan alejado al horizonte de la izquierda latinoamericana como la definición de su número 11 de 1968: "Somos siconautas -exploradores del espacio interior- embarcados en un proceso de dinamización existencial, a fin de crear una comunidad invisible a los ojos de los deformados que preconizan la caducidad en cuotas." (3).

"Revolución vs. Revolución": el ensayo que Miguel Grinberg publica en el primer número, comparte con los que le seguirían en los números posteriores un tono de manifiesto, de invitación a integrar una movida inaugural, renovadora, expresada en una lengua en vías de creación. "Los mufados han llegado" (4), dice, y en lo sucesivo emprende la tarea de esbozar una definición para este sujeto juvenil revolucionario en el que estaría implicada "toda una generación argentina". Un mismo tono de apertura, de anuncio de novedades, incluyendo "el advenimiento de una Nueva Era", que se observa en el criterio editorial para la selección de notas, que en los primeros números abarcan desde dossiers de nueva poesía brasileña o un manifiesto del nadaísmo colombiano, hasta la publicación de "América", el emblemático poema del descontento beatnik de Allen Ginsberg. Eco Contemporáneo es, así, el intento sostenido en el tiempo por dar nombre y consistencia a los rasgos de una nueva cultura emergiendo de ciertas obras (sobre todo textos de literatura y ensayo, pero también música, cine, danza, etc.) con las que se perfila la imagen de un futuro posible. Eco, entonces, como un doble recorte. En disidencia tanto con una cultura oficial anquilosada (la "mufa"), como con la militancia política de izquierda, esboza un camino marginal necesitado de una fina labor de equilibro poético, para definir una "Revolución" con palabras y sentidos que no se contraponen totalmente, pero sí son distintos de los que Latinoamérica asoció a esta idea luego del triunfo de la Revolución Cubana.

"El Mundo Caduco nos tiene sin cuidado y buscamos a los que piensan como nosotros, apelamos a ellos para que se nos acerquen o nos escriban. Desde Buenos Aires a Berlín, desde New York a Kyoto, desde México a Leopoldville, desde Madrid a Moscú, desde Orán a Varsovia, TODO lo que implique capitalismo-comunismo-fascismo-anarquismo con sus conflictualidades Guerra Fría, NOS HARTA" (5). Casi todos los rasgos del proyecto de la revista Eco Contemporáneo aparecen delineados en sus primeros números. Allí están el utopismo visionario de nuevos tiempos y de un "nuevo hombre" (6), ligado a un impulso cosmopolita, de ansiosa actualidad y de búsqueda de canales de comunicación para el intercambio de noticias y literatura. Ejemplar, en este sentido, es la anécdota publicada en forma de carta recibida desde Estados Unidos y enviada por la redacción de la revista literaria Floating Bear (7). La misma integraba el circuito de prensa under mimeografiada que florecía por entonces en varias ciudades de Estados Unidos, y su carta narraba la detención reciente del editor de la revista por parte de dos "inspectores postales", que lo sacaron de la cama acusándolo por la difusión de textos obscenos, descubiertos cuando los empleados de un reformatorio revisaban la correspondencia de uno de su internos. Floating Bear era distribuida sólo por correo, en forma gratuita, a una lista de suscriptores amigos y poetas, y en un número reciente había publicado los textos en cuestión: "La rutina" de William Burroughs, y "El infierno de Dante", de su editor el poeta beatnik Leroi Jones.

Estas peripecias de una edición independiente, en busca de canales de difusión alternativos, libres de censura, y sus reverberaciones de California a Buenos Aires, son una marca siempre presente en Eco Contemporáneo, que unos números más tarde anunciaba el lanzamiento del Movimiento Nueva Solidaridad, una iniciativa para crear una red de poetas y revistas literarias latinoamericanas, al margen de instituciones y partidos.

La revista alcanzó los trece números en 1969, sin dejar de proponerse una periodicidad trimestral. Nunca lo logró, y esto tal vez acentuara el matiz de novedad incipiente y el dramatismo latentes en sus páginas. "Esto se acaba", podía decir un tal Annibel Sagnabatta, desde un mini ensayo titulado "Los amos del mundo", en el primer número: "Todos desapareceremos, y Noé enfilará sus naves hacia alguna plaza en la que florezcan los lirios del nunca más" (8). La doble página se completaba con una fotografía del hongo atómico que devastó a Hiroshima, seguida de un poema escrito por un niño de la ciudad, dedicado al funcionario que arrojó la bomba. La misma ruptura con el pasado, entendida como la conclusión de una era, que guíaba la poética de las editoriales, y motorizaba el ánimo divulgador e internacionalista de la revista. "No sólo en Occidente se alzan algunos jóvenes contra mitos y tabúes tradicionales" (9), afirmaba al presentar los poemas de Evtuchenko, el por entonces célebre miembro de los konsommoles de la URSS. Mientras que Witold Gombrowicz, exhiliado en Argentina, e ignorado por la cultura oficial, era adoptado como faro para una vía de escape de la "mufa", el "Mundo Caduco" definido en las editoriales. En este punto, el gesto de rechazo de lo instituido coincide con otro gesto de voracidad. Un ansia de presente expresado en la introducción del Movimiento de la Nueva Solidaridad, y su listado de palabras dedicadas a la época como una catarata de estímulos y acontecimientos proyectados hacia el futuro. Una mezcla de fascinación y advertencia: "Los años '50... Los años '60... Los años '70... Cine Literatura Pintura Guerra de guerrillas Viajes interplanetarios Burguesía Proletariado Golpes militares Neofascismo Cibernética Ciencia ficción Psiquiatría Música electrónica Estereofonía Delincuencia juvenil Hambre Suez Hungría (...) Twist Soul Jazz Manifiesto de los 121 Marylin Monroe (...) Profumo Bem Bella Telstar Juan 23 Los años '80... Los años '90..." (10).

Las portadas de Eco dan testimonio de su afán modernizador, un paso abrupto desde las ilustraciones tortuosas de color mate, en los primeros números, hasta las composiciones de tipografías estilizadas en colores brillantes, y los fotomontajes, que en los números finales subrayan un cambio en la línea editorial. Pero del mismo modo, casi no hay poema, ensayo o texto en la revista Eco que no pueda ser leído a través del prisma utópico-generacional, y el anuncio de cambios inminentes. Rastros de este programa se dejan leer en una obra de teatro como la publicada en el número 4, "Los nietos de Dios" de Walmir Ayala, una fábula protagonizada por tres robots y un ser humano, que pone en escena las limitaciones de la consciencia de la máquina, pero también en la visión mística de Pierre Teilhard de Chardin, en un ensayo en el que describía los aceleradores de partículas de la Universidad de Berkeley (los "ciclotrones") como el camino para un nuevo conocimiento científico-espiritual del Universo. Una novela del argentino Antonio Dal Masetto, cuyos primeros capítulos aparecen publicados por entregas, narra la llegada a Buenos Aires desde un pueblo del interior de un joven, que deambula por la ciudad y experimenta la revelación de otra realidad y un nuevo horizonte para su vida. Casi una dramatización de las aspiraciones de la revista a ofrecer una vía de acceso a una visión alternativa, a un nuevo comienzo nutrido de arte, poesía y experiencias emocionales. (En particular, el final del primer capítulo es casi una paráfrasis de "She's leaving", la canción que los Beatles escribirían unos años más tarde, en la que una joven abandona de madrugada y en silencio su casa familiar, en una modesta épica de ruptura generacional).

"Para el Pentágono somos comunistas, para el Kremlin somos capitalistas, para los chinos somos burgueses, para los burgueses somos degenerados, para la Iglesia somos ateos, para los ateos somos imbéciles místicos, para los guerrilleros somos dilettantes, para los gendarmes somos terroristas. Con tal pedigree veo oscuras planicies en nuestro futuro. Todo por insistir en ser libres. ¿Hay derecho?" (Carta de Miguel Grinberg a Allen Ginsberg, p. 122, nr 8/9). Desde Buenos Aires Eco teje relaciones postales con el resto del mundo. En el número 4, la sección Cartas publica una carta de Allen Ginsberg desde Calcuta dirigida a Miguel Grinberg, en la que menciona las "extrañas historias de Borges" y pregunta por Julio Cortázar, sobre quien leyó en Floating Bear. Estos primeros números de Eco incluyen, además de poemas de escritores beatniks, algunos textos latinoamericanos y avisos de revistas de Estados Unidos como Yugen y Pa'lante, y de la librería City Lights Books de San Francisco. A partir del editorial del número 4 (1962), la convocatoria se hace explícita a "quienes comparten nuestro descontento para iniciar el combate y dejar de estar solos" (11), mientras se amplía la gama de menciones y textos provenientes de grupos latinoamericanos, como los tzánticos y la revista Pucuna de Ecuador, el nadaísmo colombiano y, sobre todo, El corno emplumado, la revista bilingüe editada en México por Margaret Randall y Sergio Mondragón. El número 5 (1963) presenta el Movimiento de la Nueva Solidaridad, junto a una carta de Allen Ginsberg aceptando la presidencia honoraria, al tiempo que se invita a poetas y revistas de Latinoamérica a ponerse en contacto. "La poesía es internacional por excelencia" escribe Raúl González Tuñón en el mismo número, saludando el "ímpetu inconformista y creador (...) de las generaciones beat y mufadas" (12), en una nota que además evoca su paso por un congreso de escritores de Asia y África a fines de los '50, celebrado en Tashkent, Uzbekistán. Uruguay, Ecuador, Nicaragua, Brasil, Perú, Venezuela, México y EEUU son los países de donde provienen los textos publicados.

En el número doble 6/7 (1963), el Movimiento de la Nueva Solidaridad (MNS) se presenta consolidado por las respuestas provenientes de distintos lugares del continente. En tres páginas, se enumeran movimientos, publicaciones y obras de cine y literatura que inspiraron al MNS, o que comparten con él la "escena" contemporánea, incluyendo revistas como Okyeame (Ghana), Seara Nova (Cabo Verde) y Bintingur (Islandia). Adjunta, la lista de palabras ya mencionada refiere los grandes hitos de la aldea global, de Marilyn Monroe al satélite Telstar, que terminan de definir las ambiciones cosmpolitas de Eco, su afán por inscribise en las convulsiones de la época y el mundo. Crece, entonces, la lista de direcciones para escribir y recibir revistas de otros países, principalmente latinoamericanos, convirtiendo a Eco en nodo de esa red de intercambio de publicaciones, que además anuncia un encuentro para 1964 en México, bajo el título de Acción Poética Interamericana. "Eco es un instrumento, algo así como un teléfono." escribe una lectora en una carta del número 8/9 (1965). Las palabras resuenan en el ensayo del situacionista Alexander Trocchi del mismo número, y presagian el recorrido que seguiría la revista por el resto de la década. De revista literaria a órgano de la contracultura, Eco abandona progresivamente la literatura, para publicar breves ensayos provenientes o inspirados en los movimientos juveniles de Estados Unidos. Trocchi imagina una logística de la comunicación y el intercambio entre comunidades de artistas e intelecutales distribuidas por el mundo: "la rebelión cultural debe apoderarse de las redes de expresión y las usinas de la mente", escribe, y sus propuestas parecen una etapa superadora de la internacional de la poesía imaginada por Eco en números anteriores. El medio, diría McLuhan, se había convertido en el mensaje, y la revista profundizaría su senda reflexionando sobre su propio carácter de vehículo de la comunicación.

Los últimos números, hasta llegar al último de 1969, introducen la novedad del fotomontaje en las portadas, que acompaña el reemplazo de la literatura por los textos sobre hippismo, ecología y, en general, distintas formas de relevar el cambio, la revolución en marcha. La revista, a su manera, se somete a esa pasión por lo real que Alain Badiou propuso como una constante en el arte y la política del siglo XX (13). Una búsqueda de efectos concretos, concebidos frente al horizonte de un mundo nuevo en cuya construcción participaría el arte con distintos grados de inmediatez. Eco, con sus editoriales-manifiesto y su afán declarado por intervenir en los procesos de cambio de la época, se liga a esta voluntad vanguardista de transformación. La literatura que acaba por desaparecer, es sintomática de una época en la que el rol de escritores e intelectuales se hallaba en el centro de los debates acerca del compromiso de la cultura en el campo de la política. En perpetuo relanzamiento y reformulación de su proyecto, Eco es además el relato, la reflexión sobre sí misma. Tal vez una manera de leerla hoy, sea menos como el proyecto de una revista a duras penas sostenido en el tiempo, que como una obra conceptual, la formulación de una utopía de la comunicación atravesada por acontecimientos y avances técnicos. En ese sentido, una caja de resonancia, para decirlo con sus palabras, de las "voces de la Tribu, sonidos del Eco contemporáneo" (14). Un registro, finalmente, que por su espíritu marginal, y la concentración en unos pocos números de un proyecto sostenido durante una década, ofrece un punto de vista significativo sobre procesos políticos y culturales. Un caleidoscopio en el que se combinan retazos de los beatniks al hippismo, de la literatura a los debates de la izquierda latinoamericana, de la expansión de los medios de comunicación al desarrollo de una cultura de la imagen y su impacto, nuevamente, en la literatura. Fenómenos entrevistos, apropiados y retransmitidos desde Argentina por esa suerte de satélite contracultural que Eco aspiraba ser.


Bibliografía

Revista Eco Contemporáneo, Buenos Aires, 1961 - 1969, nros. 1 a 13
Badiou, Alan, El siglo, Manantial, Buenos Aires, 2005
Gilman, Claudia, La pluma y el fusil, Siglo XXI, Buenos Aires, 2003
Jameson, Fredric, Periodizar los 60, Alción Editora, Córdoba, 1995
Grinberg, Miguel, La generación V, Emecé, Buenos Aires, 2004


Notas

1 Editorial, Eco Contemporáneo, n. 1, 1961, p. 9
2 Gilman (2003), p. 83
3 Grinberg, Miguel, Editorial: "Una comunidad invisible" en Eco Contemporáneo, n. 11, 1968.
4 Grinberg, Miguel, 1961, n.
5 Grinberg, Miguel, 1962, n. 3, p. 3
6 Grinberg, Miguel, 1962, n. 1, p. 65
7 "A secrete location on the Lower East Side" en Adventures in writing 1960-1980, Clay, Steve y Phillips, Rodney, New York Private Library, Nueva York, 1998.
8 Eco Contemporáneo, 1961, n. 1, p. 60
9 Eco Contemporáneo, 1962, n. 2, p. 29
10 Eco Contemporáneo, n. 6/7, 1963
11 Eco Contemporánez, n. 4, 1962, p. 2
12 Eco Contemporáneo, n. 5, 1963, p. 56
13 Badiou, Alan, El siManantial, Buenos Aires, 2005.
14 Eco Contemporáneo, nr 13, Buenos Aires, p. 3