Editor: Mario Rabey

23 de febrero de 2009

Alejandro Medina y la Medinight Band - 28 de febrero


SHOW DE ROCK Y BLUES NACIONAL
EL PIONERO ALEJANDRO MEDINA
Y SU BANDA "LA MEDINIGHT BAND"
SABADO 28 DE FEBRERO / 23 hs (puntual)
AFICHE Resto Bar
Marcelo T. de ALVEAR 2199 (esq. Uriburu)
BS. AS. CAPITAL

Reservas al 4822-8979
Valor de la entrada: $20
Mas info:

El lugar tiene capacidad para sólo 120 personas, asi que atentos a la maniobra para no quedarse afuera!!!!!!!!!!!!!!!!!!

ALEJANDRO MEDINA, ejecutará temas de sus albunes solistas como así también los clásicos de sus bandas, MANAL, LA PESADA, AEROBLUS
Como sorpresa adelantará temas de su nuevo material, que está en proceso de edición.

18 de febrero de 2009

Un poema de Hernán Pujó - 1966

Esa tarde murieron en Vietnam,
fue a la cárcel un borracho señalero
y hubo paro ferroviario.
(Pararon por idénticas razones
colectivos, micros y correos).
Un marxista, infeliz e incomprendido
se fue a vivir a Europa para siempre;
una vieja moría en un asilo,
y un perro murió en un accidente,
un estanciero cosechó verduras
y un maestro promesas solamente;
un mendigo desmayó de hambre,
y un señor gordo se lavó los dientes.
(Unos chicos cortaron los asientos).
Los rusos lanzaron otro cosmos,
y los chinos lanzaron otro insulto;
Ian Smith a los negros prohibió el voto,
y El Vicario lo prohibía el intendente.
Un señor se fijaba al lado mío
si el boleto que tenía es capicúa,
una señora que perdía un colectivo,
un argentino que triunfaba en el Oriente
y un coche que abollaban con la grúa
porque no es propio simplemente
Soldados que jugaban con sus vidas
y muchachos que jugaban sin conciencia
gente que votaba en blanco
y político que engañaba muchedumbre,
gente que vive en la opulencia
y gente que vive en podredumbre.
Taxista atropelló a un muchacho
y hermano mató a golpes a taxista,
estudiante defendía estudiantado
y policía arrestó por comunista,
acción católica y ligas de familia
luchaban por moral y por costumbres
ajenas, por supuesto, y Paulo VI
luchaba por iglesia diferente.
(Patotero encendió su cigarrillo y buzón más cercano).
Las cosas sucedieron esa tarde, indefinidamente
(gente que muere de rodillas
y gente que vive descansando,
gente que muere de pié y
gente que vive matando,
gente que no entiende pero siente
y gente a la que no le importa)

ESTA GENERACION Nº1
12-04-66
Hernán Pujó
RPI Nº 889112

16 de febrero de 2009

Argentina, kirchnerismo, peronismo y la crisis del capitalismo mundial

Por Daniel Chango Illanes

1) La presidenta ha dicho en Madrid que hay que luchar por un capitalismo diferente. Es ahí donde nos diferenciamos nítidamente. No hay un capitalismo diferente. El capitalismo es uno solo, es individual posesivo y acumulario obsesivo, y no hay vuelta.

2) En algunos aspectos de la política exterior podemos coincidir, y también, en aspectos sustanciales de la política de derechos humanos.

3) Nosotros entendemos que el kirchnerismo sea capitalista. Es lógico. El peronismo también lo es. Nosotros no lo somos, estamos en contra del capitalismo y alentamos una lucha mundial contra éste para construir un socialismo humano, solidario y para nada burocrático, construido por los que madrugan y prenden las luces.

4) Con decir que quieren construir un capitalismo diferente van a conseguir los Kirchner muchos adeptos, dentro y fuera del pais, dentro y fuera del peronismo, y dentro y fuera del progresismo.

5) Pero nosotros pensamos que no hay otro camino que el del socialismo. De lo contrario, la crisis, la hybris, mejor, la desmesura, seguirán destruyendo al mundo y a la humanidad.

6) Tampoco creemos en las instituciones que sirven para el salvataje a los bancos y para un capitalparlamentarismo como el del Estado de Israel que bombardea niños para empatar elecciones. Ya ocurrió algo similar en Estados Unidos en tiempo de Lyndon Johnson. Pero no somos esquemáticos y, además, hace mucho que salimos de la infancia.

7) La república capitalista, en la que dicen creer los opositores no peronistas, o gorilas, según los casos, no merece nuestra defensa en ningún modo. Esta no es la crisis de los bancos. Esta es la crisis del sistema capitalista en su conjunto, y del sistema de la república burguesa, que se corresponde con el capitalismo.

8) Sin embargo, hay que desarrollar una lucha revolucionaria que sea capaz de utilizar todas las armas que le puedan ser arrebatadas al sistema. Medios de todo tipo, herramientas de todo tipo. Las elecciones también. Son un medio, una herramienta. Hay que ir al Congreso para denunciarlo desde adentro y con datos de adentro como poder que le sirve al interés acumulario del capital. Hay que ir al Congreso para que nos expulsen, si fuera necesario, como pasó con Del Valle Iberlucea. Pero no dejar de ir.

9) Pero eso sí: no hay que volver atrás. Retroceder hacia Duhalde, Barrionuevo, Solá, De Narváez, Macri, Lilita, Reutemann, Binner, Cobos, es peor. Que el kirchnerismo y el peronismo kirchnerizado cumplan su ciclo. Para que entonces lo podamos enfrentar desde los trabajadores y el pueblo y no en complicidad con una oposición neoliberal, formalista represiva y criminalizante.

10) Es contra la pretensión de un "capitalismo diferente" la gran tarea que tenemos que realizar frente a la dirigencia obrera y social que consiente esta consigna. Es una lucha doctrinaria, ideológica y social compleja, pero de resultado favorable en el mediano plazo.

6 de febrero de 2009

Un historiador catalán: política e ideología catalana y la tragedia de Gaza

Por alusiones, o la puja del victimismo

JOAN B. CULLA I CLARÀ
El País, 06/02/2009

Bajo el título de Israel y el síndrome del niño maltratado, el pasado domingo se publicó en estas páginas un artículo del periodista Xavier Rius Sant que hacía críticas referencias a la "corriente de opinión proisraelí" presente hoy en Cataluña y me incluía nominalmente dentro de ella, aun reconociéndome -eso sí- "un excelente conocimiento y rigor" en la materia. Le agradezco el cumplido, y quisiera usar del crédito que me concede para exponer algunos matices y ciertas objeciones al análisis del señor Rius.

Según él, la genealogía del actual filoisraelismo catalán se centra en dos nombres: Josep Pla y Jordi Pujol. Comprendo que el esquema resulte goloso -un derechista conspicuo y un nacionalista conservador...-, pero la realidad es muchísimo más compleja, y las raíces de ese fenómeno son harto más gruesas y profundas. Desde la década de 1920, mientras el entonces patrón de Pla, Francesc Cambó, se mostraba incrédulo sobre la viabilidad del proyecto sionista, los medios periodísticos e intelectuales del catalanismo liberal y progresista rebosaban de actitudes filosemitas y filosionistas. Dentro de unos meses Joan Pérez Ventayol presentará en la UAB una tesina que documenta exhaustivamente el interés y la empatía que cabeceras como L'Opinió, Mirador, La Rambla, La Nau, La Publicitat o La Humanitat -órganos oficiosos u oficiales de Esquerra Republicana o de Acció Catalana- exhibieron hasta 1936 por la reconstrucción de una sociedad judía en Palestina, y los paralelismos que trazaron con el caso de Cataluña.
En 1948-1949, mientras desde las páginas de Destino -las mismas donde escribía Josep Pla...- el católico integrista Manuel Brunet denostaba el parto del Estado de Israel como un triunfo bolchevique, el joven Jordi Pujol no era el único en alegrarse de la victoria sionista en Palestina. El órgano central en el exilio del Moviment Socialista de Catalunya (sí, el partido de Josep Pallach y de Joan Reventós) afirmaba: "El Estado de Israel es una lección para los catalanes y, sobre todo, para nosotros, socialistas catalanes, desde los puntos de vista político, económico y social (...); un caso digno de estudio y una guía moral para todos los pueblos oprimidos" (Endavant, nº 38, mayo de 1949). Si consideramos la continuidad que tales actitudes tuvieron durante las décadas siguientes, sostenidas por nombres tan dispares como Salvador Espriu, Manuel del Arco, Maurici Serrahima y muchos otros, no alcanzo a descifrar a qué se refiere Xavier Rius cuando afirma que "esta corriente de opinión proisraelí no se daría a conocer suficientemente hasta 2003".

Pero dejemos por hoy la erudición histórica y centrémonos en el presente. Lanzándose a una puja victimista muy común estos días, el señor Rius Sant se queja de que quienes hemos sido señalados como "cómplices de genocidio, de torturas y de limpieza étnica" -nada menos- hayamos acusado a nuestros contraopinantes de antisemitas. De mí puedo decirle que no considero antisemita a nadie por criticar la ofensiva de Gaza, pues yo mismo la he criticado. Sí creo, en cambio, que son antisemitas las agresiones contra dos sinagogas de Barcelona; que lo son determinadas consignas escritas y gritadas durante las manifestaciones propalestinas; que lo son en alto grado numerosas viñetas aparecidas en la prensa catalana y española; que lo es el concepto mismo de "lobby sionista", manejado con tanta alegría durante estas semanas. ¿O acaso alguien se refiere entre nosotros al lobby castrista cuando habla de Cuba, al lobby marroquí con relación al Sáhara, al lobby chino con respecto al Tíbet, etcétera?

Luego están una serie de conductas políticas e institucionales que no han tenido nada que ver con el antisemitismo, pero que a mí y a otros se nos antojan torpes y sectarias, impropias de gobernantes responsables, y que al parecer Xavier Rius aprueba: bien, para eso vivimos en democracia. Por último, la tragedia de Gaza ha hecho aflorar entre nosotros otro fenómeno muy inquietante: la tendencia del pensamiento hegemónico -en este caso, el antiisraelí- a echar fuera de la pista a los discrepantes. El señor Rius Sant, que es periodista, ¿considera admisible que, por haber intentado mantener una línea informativa equilibrada durante la crisis, el diario La Vanguardia sea descrito en la página electrónica webislam como "el órgano de propaganda del sionismo en Cataluña"? El Colegio de Periodistas y los sindicatos del ramo, ¿tienen algo que decir al respecto? ¿Está el debate en torno al conflicto palestino-israelí excluido de las sacrosantas libertades de expresión y de información?

Puesto que este servidor de ustedes es sólo un aprendiz -veterano, pero aprendiz- de historiador, me abstendré de ejercer la psiquiatría de café y de diagnosticar cuál es el síndrome que aqueja a la sociedad israelí, aunque sospecho que son varios y que uno de ellos es el de Masada. Como quiera que sea, un sistema político sumergido desde hace más de seis décadas en una guerra existencial -donde la disyuntiva es ganar o perecer- ha cometido durante ese lapso de tiempo toda suerte de errores y abusos, se ha excedido muchas veces en el uso de la fuerza y ha visto marchitarse en ese contexto no pocos de sus valores fundacionales. Dicho esto, no puede calificarse de Estado racista al país que, en términos relativos, ha recibido más inmigrantes de todos los colores a lo largo de la segunda mitad del siglo XX. No puede hablarse honestamente de genocidio cuando, dentro de los confines de la Palestina histórica, los 1,2 millones de habitantes árabes de 1948 son hoy -sin contar a los refugiados en países limítrofes- cinco millones. En cuanto a los crímenes de guerra, ocurre con ellos igual que con los crímenes comunes: que sólo lo son tras la sentencia firme de un tribunal competente e imparcial. ¿Constituyen el señor Rius y los que como él opinan ese tribunal?

Joan B. Culla i Clarà es historiador.

Norman Finkelstein habla acerca de Hezbollah


El cientísta político Norman Finkelsteim, norteamericano, hijo de dos judíos sobrevivientes de la Shoah, explica por qué respeta y sostiene la posición de Hezbollah. La transmisión fue emitida por el canal Future TV el 20 de enero de 2008. Las preguntas fueron hechas en árabe y las respuestas en inglés. A continuación, fragmentos de la transcripción de las declaraciones de Finkelstein,


Norman Finkelstein: I was of course happy to meet the Hizbullah people, because it is a point of view that is rarely heard in the United States. I have no problem saying that I do want to express solidarity with them, and I am not going to be a coward of a hypocrite about it. I don’t care about Hizbullah as a political organization. I don’t know much about their politics, and anyhow, it’s irrelevant. I don’t live in Lebanon. It’s a choice that the Lebanese have to make: Who they want to be their leaders, who they want to represent them. But there is a fundamental principle. People have the right to defend their country from foreign occupiers, and people have the right to defend their country from invaders who are destroying their country. That to me is a very basic, elementary and uncomplicated question.

My parents went through World War II. Now, Stalin’s regime was not exactly a bed of roses. It was a ruthless and brutal regime, and many people perished. But who didn’t support the Soviet Union when they defeated the Nazis? Who didn’t support the Red Army? In all the countries of Europe which were occupied – who gets all the honors? The resistance. The Communist resistance – it was brutal, it was ruthless. The Communists were not... It wasn’t a bed of roses, but you respect them. You respect them because they resisted the foreign occupiers of their country. If I am going to honor the Communists during World War II, even through I probably would not have done very well under their regimes... If I’m going to honor them, I am going to honor the Hizbullah. They show courage, and they show discipline. I respect that.

Interviewer: That is an accurate description of the situation before 2000, but after 2000, the Israelis withdrew from South Lebanon. There was a rift within Lebanon between the Lebanese political players on the issue of the future of the weapons and the issue of the resistance. This rift, which has taken place... You are now taking sides. After all, you are saying that you are only visiting Lebanon, but you don’t see the ramification of the July war for the people.

Norman Finkelstein: Listen, if you want to close your eyes and believe it was all over in May 2000, you can do so. You can play that game. But the reality was – and everyone understood it – that the Israeli attitude was: We are going to knock out Hizbullah. They began planning for a new war right after they were forced to leave in 2000. They found their excuse, their pretext, in July 2006, but there is no question among rational people that Israel was never going to let the Hizbullah victory go by. They were determined to teach their...

Interviewer: The war could have been avoided.

Norman Finkelstein: It could not have been avoided. There is no way that the United States and Israel are going to tolerate any resistance in the Arab world. If you want to pretend it can be avoided, you can play that game. But serious people, clear-headed people, knew there was going to be a war sooner or later.

[...]

Do you think there is not going to be another war? Do you think Israel is going to allow that defeat in July 2006? Do you want to pretend it is Hizbullah that is causing the trouble? No, there will be another war, and the destruction will probably be ten times worse – maybe even more – than July 2006, because Israel is determined, with the United States, to put the Arabs in their place and to keep them in their place. Now, how can I not respect those who say no to that?

You know, during the Spanish Civil War there was a famous woman – they called her “La Pasionaria” – Dolores Ibárruri, from the Spanish Republic. She famously said: “It’s better to die on your feet than to walk crawling on your knees.”

Interviewer: But that is up to the Lebanese people in its entirety.

Norman Finkelstein: I totally agree. I am not telling you what to do with your lives, and if you’d rather live crawling on your feet, I could respect that. I could respect that. People want to live. How can I deny you that right? But then, how can I not respect those who say they would rather die on their feet? How can I not respect that?

[...]

Israel and the United States are attacking, because they will not allow any military resistance to their control of the region. That’s the problem. If Hizbullah laid down its arms, and said: “We will do whatever the Americans say,” you wouldn’t have a war – that’s true, but you would also be the slaves of the Americans. I have to respect those who refuse to be slaves.

Interviewer: Is there no other way than military resistance?

Norman Finkelstein: I don’t believe there is another way. I wish there were another way. Who wants war? Who wants destruction? Even Hitler didn’t want war. He would much prefer to have accomplished his aims peacefully, if he could. So I am not saying that I want it, but I honestly don’t see another way, unless you choose to be their slaves – and many people here have chosen that. I can’t really say... I can understand it – you want to live. I can’t really say I respect it. You know, so many dead, so much destruction... Before the bodies are even buried, before the buildings are even rebuilt, the person who is responsible for it all – you can’t wait to welcome him. You can’t wait to roll out the red carpet. I can’t respect that.

In that respect, I like the Jews much more. I like their attitude. Do you know what the Jewish attitude is? Never to forgive, never to forget. I agree with that. Who roll out the red carpet less than two years after your whole country was destroyed by them? The Secretary of State said it was the birth pangs of a new Middle East. That’s the statement of a freak. A human freak would compare the birth of a child with the destruction of a country, and yet, there are people here who are so anxious to welcome her. They are trying to figure out what the Americans are thinking. They can’t wait for their banquets. How can anyone respect that? I respect the Jews a thousand times more - never to forgive, never to forget. All the death and all the destruction – and you can’t wait to welcome him.

Interviewer: Norman...

Norman Finkelstein: It’s disgusting!

[...]

Who the hell cares if Bush is coming?

Interviewer: But you say there will be another war.

Norman Finkelstein: You should have declared him persona non grata. He’s not welcome here. He destroyed your country. He was responsible for the war. You know full well that resolution could have been passed three weeks earlier. He destroys your country, and you can’t wait to greet him. You have no self-respect. How can you expect other people to respect Arabs, if you show no respect for yourselves?

[...]

If the Lebanese people overwhelmingly vote to let the Americans and Israelis have their way, I guess you have to accept that. I could see that. I couldn’t possibly say that they don’t have the right to make that choice. Listen, in Nazi-occupied Europe, you have to remember, most of the populations made the choice to live under the Nazis. All this talk about a French Resistance is just a joke – it never happened. The French Resistance... About 20% of the French population read the Resistance’s newspaper. There were maybe 10% of the French who resisted. The rest said: “Don’t resist,” because the Nazis were ruthless. You resist – four hundred are killed for each soldier who’s killed. That’s how the Nazis operated. So most of the French said, like you: “We want to live.” “Don’t resist.” But now I have to ask you, in retrospect: Who do we honor? Do we honor those who say: “Let us live,” or do we honor those who said: “Let’s resist”?

[...]

Leaders come last. There will be a leader who comes to power in Israel, who is willing to make the concessions, after the conditions have been created – namely, Israel has to suffer a defeat.


Virginia Tilley y la propuesta de un estado binacional israelí-palestino


Traducción y notas: Mario Rabey

London Review of Books, 6 de noviembre de 2003

La solución un solo Estado para el conflicto entre Israel y los palestinos

Virginia Tilley
Hay diferentes tipos de minorías. La noción de un estado egipcio para los egipcios, un estado judío para los judíos, va simplemente en contra de la realidad. Lo que necesitamos es repensar el presente en términos de coexistencia y fronteras porosas

Edward Said, 1999

Durante algunos años, la mayoría de la gente que simpatizaba con las aspiraciones nacionales palestinas - o al menos estaban alertas a su duración y a los peligros políticos que plantean - ha asumido que una resolución estable del conflicto Palestino-Israelí requeriría la formación de un estado palestino en las áreas (en disminución) todavía no anexadas por Israel, en lo que ha quedado del territorio del mandato británico. Este viejo reclamo del movimiento nacional palestino fue tardíamente aprobado por Bill Clinton y luego por George W. Bush.
Pero en un cierto momento de la década de 1990, este precepto fundacional se convirtió en una ficción ofuscante. Como reconoce en privado mucha gente, y como Tony Judt ahora ha propuesto en la New York Review of Books, las condiciones para un estado palestino independiente han sido matadas por el avance inexorable e irreversible de los asentamientos en Cisjordania y el Gaza[1]. La solución dos-estados al conflicto israelí-palestino es una idea, y una posibilidad cuya hora ha pasado, con su muerte obscurecida (como quizás fue pensado) por el espectáculo diario: el alboroto de una inútil “hoja de ruta”, los ciclos de los asesinatos israelíes de los transportistas de armas y los bombardeos palestinos suicidas, las lamentables luchas internas palestinas por el poder, las demoliciones de viviendas y los conteos de muertos - todas las expresiones visibles de un conflicto que ha sido siempre por el control de la tierra.
Todo el tiempo y día a día, los equipos israelíes de construcción han estado demoliendo y triturando a lo largo de Cisjordania y de la franja de Gaza, haciendo caminos y levantando miles de unidades habitacionales nuevas en comunidades bien planificadas. El habitual término “asentamiento” [2] sugiere algunas tropas en lugares altos, con puestos de defensa , pero lo que realmente hay es una trama masiva de poblaciones que penetran profundamente en Cisjordania y en Gaza y que ahora albergan unas 200.000 personas (además de los 180.000 en los asentamientos del este de la ciudad de Jerusalén, que nadie cree que serán abandonados). Decenas de miles de casas y departamentos son servidos por escuelas, centros de compras, cines y centros de artes, conectados por carreteras importantes aprovisionamiento de agua tratada y de electricidad, diques, muros, defensas perimetrales y sistemas de vigilancia. Esta trama es de difícil remoción, tanto debido a su infraestructura masiva como a la inversión psicológica realizada por sus residentes. Hace una década, un esfuerzo internacional concertado pudo haber detenido su crecimiento. Pero ahora ha ido demasiado lejos, y no hay ningún obstáculo en el camino de su expansión.
Divididas por establecimientos judío-israelíes populosos, ni Cisjordania ni la franja de Gaza constituyen un territorio nacional viable. En consecuencia, si no puede haber una vuelta atrás en la política de asentamientos, un estado palestino no es practicable. Judt entiende, correctamente, que la solución del un-estado, en cualquier forma (binacional o étnico limpiado), es ahora la única opción. Ha argumentado persuasivamente que Israel debe abandonar su etno-nacionalismo obsoleto y hacer frente a una visión post-Sionista para el país, por difícil que pueda ser. La alternativa -la transferencia forzada de palestinos fuera del territorio- esta contra lo aceptable por la consciencia y además es inimaginablemente peligroso. No nos debe sorprender que el escrito de Judt ha sido atacado profusamente dibujado por los que ven a un Israel binacional como una traición a la promesa de un refugio judío, pero como señala Judt, estas objeciones se deshacen bajo el impacto de los “hechos en la tierra'” Y en todo caso, las ramificaciones de una solución de un-estado van mucho más allá de la crisis existencial de Israel.
Considerar el futuro de los asentamientos judíos en Cisjordania bajo la solución dos-estados, es entender que no es de ninguna manera una solución. En teoría, ellos y sus 200.000 residentes podrían ser absorbidos en el estado palestino con los colonos adquiriendo ciudadanía palestina o alguna clase de estatus de residencia permanente. Pero dado el grado de corrupción palestina oficial, así como los lazos emocionales, políticos y económicos de los colonos con Israel, la ciudadanía no es una opción seria. La residencia permanente compondría solamente la situación actual: enclaves de no-ciudadanos en un territorio palestino no-contiguo. Alternativamente, los edificios y la infraestructura se podrían desmantelar y los residentes judíos reabsorber en Israel apropiado - un proceso costoso para Israel, financiera y políticamente-. O los establecimientos se podrían simplemente entregar intactos para el uso palestino (ayudando a absorber retornados palestinos), mientras que los residentes judíos, se trasladarían otra vez a Israel apropiado -también, requiriendo costos financieros y políticos importantes a Israel-. Los Acuerdos de Ginebra son una tentativa de trabajar flexiblemente con estas opciones: sacar algunos establecimientos, dejar otros importantes. Pero ninguno de los agentes con poder para imponer los acuerdos - el gobierno israelí, los Estados Unidos, y la Unión Europea (o alguna parte de ella) - tienen la voluntad de hacerlo.
Por supuesto, no se espera que el actual gobierno israelí emprenda ninguno de esos proyectos. El problema no es meramente Sharon, que ha llevado adelante una campaña vigorosa por la soberanía israelí sobre todo el Mandato Palestina [3], en la cual el completamiento de la trama de asentamientos es un elemento mayor. Ni tampoco el problema reside en la minoría de colonos religiosos fanáticos armados en “Judea y Samaria” (en su mayoría provenientes de los US), aunque su influencia política doméstica es preocupante. Si resistieran la retirada por la fuerza, lo que algunos harían ciertamente, la autoridad moral de cualquier gobierno que intentara trasladarlos -incluso la legitimidad del Estado de Israel en sí mismo- sería puesta en cuestión por los sionistas que entienden soberanía judía sobre la tierra como derecho y obligación, derivando en primer lugar de la autoridad bíblica y en segundo lugar de la necesidad de salvaguardar a los judíos de las amenazas antisemitas contemporáneas preservando el territorio como santuario y patria judíos. Políticamente astutos y genuinamente fieles a estas convicciones, los colonos religiosos invocarían ambas. Los difíciles compromisos entre los judíos seculares y religiosos de Israel se podrían romper, amenazando la trama política interna del país así como su demanda ya de vacilante hacia el judaísmo mundial.
Pero los fanáticos son una perturbación Por dos décadas o más, la complicidad del gobierno con el proyecto de asentamientos ha excedido de lejos lo que era necesario para contener a los extremistas, y ese compromiso sigue enraizado en las instituciones y la política del gobierno, más allá de los alcances de la política electoral. Desde 1984, Sharon ha actuado como ministro de Comercio e Industria, de Construcción y Vivienda, y de Infraestructura Nacional. Ha estado así en posición de asegurarse de que los subsidios y los préstamos de bajo interés estén disponibles para viviendas de los commuters [4], así como para nueva industria israelí en los territorios; ha expandido la implicación del gobierno en el abastecimiento de servicios, actividades bancarias, electricidad y abastecimiento de agua; ha facilitado las inversiones privadas en vivienda e infraestructura; y ha alentado la cooperación estratégica de la Agencia Judía y de la Organización Sionista Mundial en los conjuntos edilicios de asentamientos que traspasan la línea verde. Casi cada ministerio y agencia del gobierno ha estado implicado en diseñar y construir el bloque de Rehan, por ejemplo, que suprimió la línea verde a lo largo de la frontera nordeste de Cisjordania. La reorganización de todas estas agencias para cortar subsidios, servicios, y otros incentivos para asentarse en los territorios [5] requeriría alterar su diseño fundamental (estructura, políticas, personal), una tarea más allá de la capacidad de cualquier político o coalición de políticos israelí.
Para hacer las cosas peor -mucho peor-, Israel peor está más celosamente protegido por los Estados Unidos de las consecuencias políticas de sus políticas de asentamientos que lo que ha estado nunca. Y la política de los Estados Unidos es poco probable que cambie. Los Estados Unidos nunca adquirirán el papel del pacificador activo atribuido durante largo tiempo a ellos por una comunidad internacional ansiosa. La ayuda de cobertura para las peores acciones y, recientemente, las reiteraciones pueriles de Israel de la insistencia de Sharon para que los palestinos finalicen “el terror” ha terminado con cualquier esperanza de una intervención útil de los Estados Unidos; el ataque reciente contra una blanco norteamericano en Gaza sugiere que, incluso para los palestinos que han sido crédulos, la creencia en el papel de Washington finalmente se esté derrumbando. Las afirmaciones internacionales de la importancia de los Estados Unidos como intermediario se mantienen porque todavía sirven a los intereses de los Estados Unidos en evitar la acción europea (¿y del interés europeo en evitar la acción?), mientras que sugiere, para los especialmente cándidos, la posibilidad de un cambio de políticas.
Ningún cambio es esperable, por razones que se pueden encontrar profundamente en el entramado político de los Estados Unidos El problema no se reduce a la visión estrecha, o del “dinero judío (la explicación antisemita estándar), o incluso a la estrategia militar de muchos años de Norteamérica, que asume a Israel como un aliado básico -una política más neutral más probable realzaría que erosionaría el perfil estratégico de los Estados Unidos-. Hasta cierto punto, la fuerza que proscribe cualquier política más constructiva es el Congreso, donde está profundamente inculcada la ayuda unilateral para Israel. Éste es el resultado, muy en gran parte, de la influencia del lobby Israelí y de contribuciones (de varios tipos) para las campañas electorales, pero los intereses de los grandes negocio norteamericanos en Israel tienen que ser considerados, al igual que la bien organizada derecha cristiana, con su bizarra fijación milenarista en un Israel judío como heraldo del Fin de los Tiempos.
Aún más limitantes para a política internacional de los Estados Unidos son las actitudes de los integrantes del Congreso. Sus declaraciones públicas indican que la gran mayoría ha internalizado la propaganda de la extrema derecha israelí. Por décadas, el lobby israelí ha presentado al Congreso la narrativa de un pueblo judío cercado que intentaba construir una patria en un país minúsculo, arrinconado contra el Mediterráneo, mientras repele una irracional hostilidad islámica/árabe. Con los miembros de ambos partidos saturados de estas presunciones y cautiva de una dura dependencia financiera y electoral, la Presidencia de los estados Unidos está fuertemente limitada en cualquier tentativa que pueda hacer para empujar al gobierno israelí hacia un detestado y costoso cambio de políticas –retiro o congelamiento de los asentamientos, por ejemplo- aun cuando hay israelíes disidentes que lo apoyarían ardientemente. Cualquier movimiento en esta dirección por parte de cualquier presidente sería suicidio político. Los Estados Unidos, entonces, no son neutrales, sino que están neutralizados; su política internacional permanece dedicada a apoyar el “bienestar” de Israel, como el lo concibe gobierno israelí; y por ello no puede tener ningún impacto independiente en la política del asentamientos.
Un nuevo liderazgo palestino inspirado podría haber proporcionado la autoridad moral para desafiar las prerrogativas de la estrategia de Israel y los Estados Unidos. No ha emergido. Al restaurar la autoridad del corrupto cuadro político interno de Arafat, que carece de cualquier compromiso con el gobierno democrático genuino, el proceso de Oslo marginó las alternativas. El propio Arafat se ha aferrado al poder mientras los años cruciales se iban porque: con la salud declinante, intoxicado por su propia mística, con todo es aún un manipulador experto de la gente y de los hilos de la billetera, un padrino decrépito que bloquea cualquier salida de la ruina que se acerca. No puede, sin embargo, detener la desintegración del movimiento palestino en las ruinas de sus oficinas de Ramallah. Aislando físicamente a Arafat, el gobierno de Sharon lo ha hecho impotente para controlar la fragmentación de la militancia palestino y los ataques terroristas con sus viejos métodos de pagos y persuasión, mientras que lo deja a cargo para poderlo culpar por ellos. Pero, confinado o libre, Arafat no es ningún estadista, y no tiene ninguna visión apropiada para la construcción de la nación bajo estas condiciones. Con todo, si él de alguna manera desapareciera silenciosamente de la escena, como tantos palestinos desean sinceramente que él, su salida dejaría un vacío de poder [6] que todos temen con razón. Nadie en su círculo interno tiene posibilidades de recobrar la alta base moral cedida estos últimos años a los ciclos de ataques extremistas de terror. Ningún líder alternativo -el encarcelado Marwan Barghouti , por ejemplo - tiene el carisma para ganar la lealtad popular que pudo también servir para reestablecer la unidad palestina. En esta etapa avanzada de decadencia política, nadie está en posición para dar un paso adelante y hacerse cargo: los que se han aventurado a hacerlo -Mahmoud Abbas, Ahmad Qurei - se han retirado rápidamente.
Israel tendría poco a ganar con la salida de Arafat. Sharon está obsesionado con liberarse de él, en parte porque lo detesta, pero en parte, también, porque tiene la creencia (común entre los israelíes de derecha) que los árabes conocen solamente políticas de cabecilla: una cuestión de liderazgos egocéntricos que manipulan masas' amorfas innatamente propensas a “respetar el poder”. En esta visión, cambiar un liderazgo cambiaría el comportamiento de las masas y, en el este caso, pondría fin a las respuestas violentas a la ocupación israelí. Que una dirección árabe pueda ser obligada políticamente por sus masas es duro de comprender para la derecha israelí, al menos porque significaría aceptar que las masas han desarrollado puntos de vista políticos y demandas por sí mismos, gracias a su experiencia de primera mano de la ocupación israelí, y del proyecto del estado judío que los despojó a ellos en el primer lugar. Lejos de causar un cambio de la actitud de las masas y terminar con los ataques del terror, la salida de Arafat promete solamente acelerar la fragmentación política palestina, que seguramente puede aumentar, más bien que disminuir, los ataques terroristas contra Israel. De una manera horrorosa, sin embargo, que satisfaría a Sharon, dándole la oportunidad de intensificar la ocupación militar y de preservar los asentamientos como santuarios inviolados para los civiles inocentes amenazados por la barbarie [7].
El movimiento nacional palestino en todo caso se está fragmentando hacia la anarquía. Conscientes de la corrupción de los cuadros de Arafat, y disgustados por su fracaso en terminar con la brutalidad israelí, nuevos grupos extremistas se está formando cada semana, manejando varias ideologías de la indignación y el ultraje, y están lanzando acciones salvajes contra blancos israelíes (y ahora estadounidenses). Incluso Fatah está a punto de fracturas serias, a medida que los sucesivos primeros ministros se encuentran al mismo tiempo frente a demandas desesperadas para el cambio y paralizadas por los controles de Arafat. Las líneas laterales de la élite dominadas por Fatah, esos intelectuales, activistas y periodistas palestinos serios y pensantes que discuten alternativas. Incluso los mejores esfuerzos de los grandes intelectuales democráticos de las últimas décadas -Ibrahim Abu-Lughod y Edward Said entre ellos- no podrían afectar seriamente a ese bloque de poder. Y esas voces claras y principistas ahora se han ido, dejando en su retirada figuras igualmente dedicadas pero con menos autoridad, quienes -a pesar de sus mejores esfuerzos- ahora están además debilitados por la emergente militancia islámica y el avance de la desintegración política.
Sharon se está acercando a la realización de su largamente soñado objetivo: soberanía israelí en todo el Mandato Palestina, con enclaves no viables proporcionando una autonomía bantustán deprimente, en la cual los remanentes de la sociedad palestina pueden desintegrarse lentamente. Sin embargo, esto lo dejará sosteniendo un paquete altamente indeseable: un territorio conteniendo más de dos millones de politizados árabes musulmanes y a cristianos sin un verdadero Estado propio, fragmentando Israel tan efectivamente como Israel ha fragmentado su comunidad nacional. El problema es tan viejo como el conflicto mismo: ¿qué hacer con la gente, cuando lo único que usted quiere es la tierra?
Puesto que la relocalización forzosa de la población palestina de Cisjordania, sobre todo a través de la frontera jordana, desataría violencia regional en una escala hasta ahora nunca vista, y puesto que Sharon es demasiado inteligente para buscarla, cualquiera sea la presión que la ultra-derecha ejerza sobre él, los palestinos tendrían que permanecer en las partes señaladas de los territorios bajo cierta autoridad palestina “autónoma” encargada de mantener el orden. En este plan, como Sharon mismo ha señalado, la estatalidad técnica para los palestinos no estaría contemplada para nada; su economía continuaría renga, y sus comunidades eventualmente se marchitarían en vestigios étnicos irrelevantes. Como ha señalado Judt, esta solución pudo haber satisfecho las ideologías etno-nacionalistas de fines del siglo XIX y comienzos del XX que lanzaron el movimiento sionista, pero contradice los principios democráticos sobre los cuales se basa el Israel moderno. La soberanía de Israel sobre Cisjordania conteniendo enclaves bantustán involucraría impedimentos logísticos y morales para su propia coherencia. También significaría un continuo malestar regional, con el “aprieto” palestino proporcionando un agravio central para los militantes a lo largo del mundo árabe y musulmán.
La verdadera cuestión para la comunidad internacional es ahora mirar la solución un-estado en forma directa, y analizar sus obstáculos. Son claramente masivos. Los problemas para Israel son profundos: el compromiso de judeidad del “estado judío” no sólo requeriría reimplementar sus leyes, sino que iría directamente en contra cristiano de las creencias comunes sionistas (y de la derecha cristiana) sobre la raison d’être de Israel. Ese choque no es nuevo: hace eco a las divisiones en el pensamiento sionista más temprano. La solución de un-estado puede volver a entrar en el debate, en un momento en que las nuevas (y muy emocionales) discusiones sobre el carácter judío de Israel han estado fermentando durante una década o más, centrándose en preguntas post-sionistas acerca de si el propio Israel puede o debe ser reconcebido: no como un estado judío exactamente (en el sentido de instituciones públicas protegiendo el predominio judío permanente de ascendencia etno-nacionalista), sino como un estado en el cual a los judíos se les garantiza libertades y seguridad étnica sobre una base igual con todos los ciudadanos. Es imposible exagerar la magnitud del miedo, el dolor, la pena y el ultraje que juegan en estas discusiones sobre el futuro de Israel o las sensaciones de aprehensión, resentimiento y rechazo que emergen cuando se habla de un estado secular. Con todo, Judt es apenas una voz inconformista, aun cuando Leon Wieseltier se ha implicado mucho al escribirle una réplica furiosa en la New Republic.
Si los palestinos y los israelíes (de todos los contextos etno-religiosos) deben de hecho compartir un solo estado como iguales, la visión post-Sionista también debe clarificar el carácter no-étnico del componente palestino. Un Estado formalmente “binacional”, reconociendo y reificando los etno-nacionalismos judíos y palestinos, podría simplemente instalar la rivalidad bipolar que, dado el mayor peso demográfico palestino, inspira a Wieseltier semejante alarma. En su opinión, la dominación de los judíos por el nacionalismo palestino es tan inevitable que justifica la dominación de los palestinos por el nacionalismo judío.
El desafío para la solución de un-estado es encontrar un camino político a través de la transición de los etno-nacionalismos rivales a una fórmula secular democrática que preservara el papel de Israel como asilo judío mientras desmonta los privilegios semejantes al apartheid que asignan actualmente ciudadanía de segunda clase a los no judíos. Israel ya afronta esa contradicción dentro de sus fronteras legales: incluso hay acuerdo en que para la actual población árabe del país, el sistema de leyes que salvaguardan el “estado judío” es injusto y a largo plazo inestable. Por consiguiente, en un estado secular democrático, el mismo concepto de estaticidad judía (e, implícitamente, el alcance del nacionalismo judío) tendrían que cambiar radicalmente. Los derechos y privilegios nacionales en ambos lados tendrían que ser garantizados subsumiéndolos en privilegios nacionales israelíes. Los beneficios ahora restringidos legalmente a los judíos (comúnmente conectados con el servicio militar y menos directamente con la ley del retorno), tales como los préstamos para vivienda y educación, empleo en el sector público y así sucesivamente, tendrían que ser reconcebidos y los recursos redistribuidos. El uso del suelo –alrededor del 93 por ciento de Israel se reserva actualmente para el uso judío- tendría que ser reconfigurado. Los planes de vivienda tendrían que ser separados formalmente de la ocupación judía exclusiva (y el carácter “solamente-Judío” de los asentamientos tendría que evaporarse). El papel establecido desde hace mucho tiempo de la Agencia Judía, que administra recursos y privilegios nacionales judíos en Israel, tendría que ser reexaminado. La política electoral y la representación en la Knesset también deberían transformarse, para permitir el debate legislativo en base a un estatus étnico igualitaria. Modificaciones en las Leyes Fundamentales, o la creación de una Constitución secular, podrían asegurar que Israel continúe salvaguardando las vidas y los derechos de los judíos, proporcionando el santuario que muchos judíos en Israel y al exterior siguen ansiosos por preservar. Pero las mismas leyes fundamentales deberían asegurar sus derechos a musulmanes, cristianos y, de hecho, a los ateos agnósticos, y eliminar -por lo menos en el plano jurídico- cualquier jerarquía institucionalizada en base a diferencias étnicas o religiosas. Tal transición requeriría años del discusión y de lucha - y una voluntad política hoy penosamente ausente. Las comisiones de la verdad y/o una amnistía general podrían superar eventualmente la herencia de la violencia y del odio, pero como en todas las secuencias de ese tipo, el proceso tomaría generaciones.
El problema para los palestinos sería de otro tipo. ¿Sus aspiraciones de un estado secular democrático están de hecho basadas en soberanía territorial -el modelo propuesto desde hace tiempo por los nacionalistas palestinos y elaborada por intelectuales tales como Edward Said? ¿O muchos ahora favorecerían un estado étnico o etno-religioso basado en nociones de indigeneidad árabe y/o musulmana del tipo que está siendo sostenido en Gaza? Una discusión tan fundacional no es excepcional, ni es tan difícil de llevar a término como se puede pensar (la Sudáfrica post-apartheid ha caminado en este terreno). Además, muchos palestinos están tan desilusionados con su “liderazgo nacional”, que pueden dar la bienvenida a la idea de su caída, si se les ofreciera iguales derechos como ciudadanos de un único estado (encontrar las garantías adecuadas para estos derechos puede ser el obstáculo primario).
La dirección palestina en sí misma probablemente resistiría esa salida. En una solución un-estado, los aparatos enteros de la OLP (Organización de Liberación Palestina y de la Autoridad Palestina tendrían que ser subsumidos en el gobierno y los procesos político-partidarios de Israel. Muchos de los seguidores de Arafat -y sus rivales- perderían fuentes importantes del poder económico y del apalancamiento político en la transición. Fatah consigue su fuerza económica de los negocios palestinos; su armado político basado en la amistad refleja su compromiso central con los intereses de las familias palestinas más ricas. Las figuras mayores de Fatah han esperado por mucho tiempo una Palestina independiente en la cual, bien ubicados cerca del centro del poder, podrían prosperar en el crecimiento del comercio Israelí-Árabe que se esperaba que la paz trajera. Pronto ellos tendrían un estado palestino separado, por más débil y cooptado que pudiera ser. La absorción es también un proceso que Israel está obligado a maniobrar, promoviendo a algunos y excluyendo a otros de los roles en la nueva política doméstica. Los palestinos tendrían razón de estar en guardia. Los grupos militantes islámicos, solo recientemente estimulados a percibir al sionismo y a los judíos mismos como enemigos eternos, requerirían negociaciones y tratamiento especiales. La perspectiva puede parecer poco prometedora, pero la prominencia de los militantes Islamistas es bastante reciente y su importancia es mucho más frágil de lo que parece [8].
El impacto mayor y de largo alcance de la solución de un-estado podría transformar las tensiones regionales así como las locales, eliminando la ocupación militar, unificando el territorio, y restaurando efectivamente a los palestinos a la soberanía (compartida) en su patria histórica. Les concedería la durante tanto tiempo buscada representación política, los derechos a la propiedad, un sistema de la justicia civil, y libertades de prensa dentro del sistema democrático reservado hasta ahora a los judíos pero a que muchos palestinos vienen admirando y esperado emular. No solucionaría todos los conflictos: las tensiones de montaje del Haram al-Sharif / Monte del Templo, por ejemplo, seguirían retumbando. Pero redepositaría esos conflictos como discusiones étnicas dentro de un política democrática más bien que entre polarizados y mutuamente demonizados Otros. También devolvería a Israel a una situación respetada en la familia de naciones, y removería al “problema palestino” como una fuente de ultraje para los ofendidos musulmanes, los nacionalistas árabes, y los grupos extremistas de todo el mundo. Dado que la solución de dos-estados solamente promete más problemas (y su fracaso traerá consecuencias tan calamitosas [9]), la solución de un-estado es la única que la comunidad internacional puede ahora responsablemente considerar.
Debate sobre este artículo en LRB:
4 de diciembre de 2003 Yitzhak Laor, Bill Templer
6 de mayo de 2004 Yisrael Medad
20 de mayo de 2004 Nicholas Blanton
3 de junio de 2004 Virginia Tilley.
Virginia Tilley es la autora de The One-State Solution: A Breakthrough for Peace in the Israeli-Palestinian Deadlock.





[1] La autora se refiere a los asentamientos de ciudadanos israelíes. Su afirmación actualmente sólo tiene validez para Cisjordania, después del retiro de los asentamientos israelíes en la Franja de Gaza en el 2007.
[2] ‘Settlement’
[3] La autora se refiere al territorio sobre el cual ejercía su Mandato Gran Bretaña, otorgado por la Sociedad de las Naciones, y que duró desde el final de la Primera Guerra Mundial hasta la creación del Estado de Israel por la ONU en 1948.
[4] La palabra inglesa “commuter” es intraducible. Se refiera a las personas que viven en un lugar relativamente distante al de su lugar de trabajo y deben realizar largos viajes cotidianos entre ambos, en transporte público y/o en su vehículo particular.
[5] Se refiere a los territorios palestinos ocupador por Israel e israelíes, en Cisjordania.
[6] Como sabemos, la muerte de Arafat, sucedida unos años después de este escrito, dejó el espacio apropiado para la participación electoral de Hamas, con las consecuencias conocidas de su triunfo sobre Al-Fatah que había liderado Arafat, y la secuencia reciente de eventos.
[7] El análisis prospectivo de la autora fue, lamentablemente, muy acertado. Los acontecimientos se produjeron, en líneas bastante precisas, tal como ella los había anticipado.
[8] Este artículo está escrito hace varios años. En este tiempo, la política norteamericana (a escala global y regional) e israelí (a escala local) combinadas se las han arreglado para consolidar mucho más la influencia de la política islamista.
[9] Como lo estamos viendo actualmente.

5 de febrero de 2009

Nakba (catástrofe en árabe)


Como consecuencia de la partición por parte de la ONU en 1948 del territorio que estaba bajo mandato británico por decisión de la Sociedad de las Naciones treinta años antes, al cual ésta llamó "Palestina", en tres espacios territoriales distintos (Franja de Gaza, Israel y Cisjordania -West Bank), a los cuales asignó a dos nuevos estados-nación independientes ("Israel" y "Palestina" ), entre 500.000 y 900.000 personas árabes se desplazaron del lugar donde vivían a otros lugares. Hoy ellos y sus descendientes, son alrededor de 4.000.000.

La foto es de la tapa del libro
The Birth of the Palestinian Refugee Problem, del gran historiador israelí Benny Morris.

Para ver el libro de Morris y leer sus primeras páginas, vayan aquí

Algunos musulmanes fundamentalistas explicando su punto de vista

3 de febrero de 2009

Javier Marías: Israel ha hecho pagar a justos por pecadores


Guerra y crimen

"Lo mismo que nunca he ido a Cuba, o que no iría a Irán, ni a Arabia Saudí, ni a Venezuela, o que no habría ido al Chile de Pinochet, tampoco iría a Israel. A un país, para ser civilizado y democrático, no le basta con celebrar elecciones libres. Esa condición se gana o se pierde día a día, en la manera de gobernar, y también en la de conducir una guerra. Israel hoy la ha perdido".

JAVIER MARÍAS

Publicado en El País, 01/02/2009

No soy ningún cristiano que crea que se debe poner la otra mejilla, ni pacifista a ultranza que considere que nunca se ha de responder con violencia. Si a uno lo atacan, me parece natural que se defienda. Si lo agravian o insultan, no juzgo mal devolver lo recibido, o por lo menos tomar medidas y prevenirse para la próxima. Si alguien nos detesta hasta el punto de querer borrarnos del mapa, encuentro lógico oponerse a todo trance y, si no hay más remedio, intentar borrar del mapa al otro, al que desea aniquilarnos. Ahora bien, lo que distingue a una persona civilizada de una mala bestia, un venado, un matón o un chulo, es pensar en las consecuencias de su reacción, por justificada que ésta sea. También lo es tener en cuenta la capacidad de quien nos aborrece: alguien puede ansiar perjudicarnos gravemente, pero no siempre ese alguien está en condiciones de conseguirlo. Si yo llevo pistola y un individuo me abofetea, lo que en modo alguno puedo hacer es pegarle un tiro en respuesta a su agresión. Si no estoy dispuesto a enzarzarme en un cuerpo a cuerpo, entonces sí debo aguantarme con mi bofetada y rehuir esa acercanza, porque lo que tendría prohibido sería hacer uso del arma que llevo en el bolsillo. Si un muchacho de catorce años -o dos, o tres- me tiran piedras, sigo sin poder sacar mi pistola, ni tan siquiera una navaja.

Todos montamos en cólera alguna vez, nos exasperamos, nos sentimos provocados, burlados, agredidos o estafados. Hay personas que, si un empleado de cualquier empresa o servicio se les insolenta o disputa con ellas de mala manera, no vacilan en elevar una queja furibunda a los superiores de ese empleado, con su nombre y apellido, sin pararse a pensar que con su protesta iracunda pueden propiciar el inmediato despido de quien fue insolente o inepto, y que acaso eso sea demasiado castigo, que alguien pierda su empleo por una mera impertinencia o negligencia ocasionales (tal vez quien nos ofendió tenía un mal día). Los escritores, y cuantos damos a conocer nuestro trabajo, somos a menudo objeto de pullas y fustazos. En principio nos toca aguantarlos, porque nadie nos ha obligado a exponernos públicamente (podríamos haber guardado en un cajón nuestras obras), y todo el mundo tiene derecho a opinar lo que le plazca. Cuando se trata de ataques personales, reiterados o incluso obsesivos, es lícito responder a ellos según de quiénes provengan: bien está si es alguien que dispone de una columna en un diario, como es mi caso, o de un programa de televisión o de radio, desde los cuales podrá devolvérseme mi latigazo; si quien habla mal de mí no está en igualdad de condiciones conmigo, más me vale callarme.

¿Y en las guerras, qué pasa en las guerras? En mi última novela hice decir a un personaje inglés, al habar de la Segunda Guerra Mundial, algo así como lo siguiente (lo siento, pero no voy ahora a ponerme a buscar una página entre setecientas): "En una guerra de supervivencia uno hace todo lo necesario, lo cual acaba por incluir también lo innecesario. El problema es que mientras se dirime el conflicto, uno cree que todo es necesario. Luego, cuando ha terminado, y si uno ha salido vencedor, es casi imposible no pensar que también se habría ganado sin que yo hubiera hecho esto o lo otro. Pensamos que podríamos habernos ahorrado alguna crueldad o vileza, y algunas víctimas, y que aun así el resultado habría sido el mismo. Hay gente a la que luego eso le pesa durante la vida entera". Creo que, en efecto, hay guerras en medio de cuyas indecisión y fragor es muy difícil medir y saber eso, qué es necesario y qué no lo es tanto. Hay otras, sin embargo, en las que la cuestión es meridiana, y en ellas resulta imperdonable hacer, a sabiendas, mucho más de lo necesario: provocar escarmientos en la población civil, para diezmarla y aterrorizarla; matar a niños que no podrían empuñar un arma aunque quisieran, y si la tuvieran; bombardear hospitales en los que se atiende a heridos, que ya están fuera de combate; o escuelas en las que se refugian mujeres con sus hijos, aún inocuos e inermes. Todo lo que se sabe que es gratuito y superfluo, excesivo y desproporcionado, abusivo y no vital para el desenlace de la contienda, es un crimen. El resto es otra cosa: es guerra, y así son éstas desde que existe el mundo.

Israel ha incurrido en todos esos crímenes en su respuesta a los cohetes lanzados sobre su territorio por Hamás desde Gaza. Una vez más ha hecho pagar, desoyendo el viejo mandato, a justos por pecadores, y además con plena conciencia, crueldad, exhaustividad y encarnizamiento. Ha sacado la pistola ante una bofetada y ha hecho uso de ella. Hoy por hoy, es un Estado incivilizado, un venado, una mala bestia, un matón y un chulo. Las consecuencias injustas de su reacción le han traído sin cuidado. Hace años, con motivo de la publicación de una de mis novelas en hebreo, vino un periodista a entrevistarme. Recuerdo que me preguntó: "Si se le concediera un día el Premio Jerusalén, ¿lo aceptaría? ¿Vendría a nuestro país a recogerlo?" Le contesté que sí, en el improbable caso, que no veía por qué no. Hoy mi respuesta habría sido otra: "No", le habría dicho. "Lo mismo que nunca he ido a Cuba, o que no iría a Irán, ni a Arabia Saudí, ni a Venezuela, o que no habría ido al Chile de Pinochet, tampoco iría a Israel. A un país, para ser civilizado y democrático, no le basta con celebrar elecciones libres. Esa condición se gana o se pierde día a día, en la manera de gobernar, y también en la de conducir una guerra. Israel hoy la ha perdido".

1 de febrero de 2009

El árabe y la "gente como uno" - semana de lucha contra el racismo

En un avión, iniciado el vuelo, un hombre oprime insistentemente el timbre para llamar a la azafata

- ¿Cuál es el problema, señor? - Pregunta la azafata

- ¿Es que no lo ve? - Responde el tipo - Me colocaron junto a un árabe. Me da miedo, estoy al lado de un peligroso terrorista. ¿¿¡¡No tiene otro asiento!!??

- Por favor, cálmese... -dice la azafata- Casi todos los asientos están ocupados. Pero, voy a ver si hay un lugar disponible

La azafata se aleja y vuelve de nuevo algunos minutos más tarde:

- Señor, como yo pensaba, ya no hay ningún lugar libre en la clase económica. Hablé con el comandante y me confirmó que no hay más sitios disponibles en la clase económica. No obstante, tenemos aún un lugar en primera clase.

Antes de que el hombre pueda hacer el menor comentario, la azafata sigue:

- Es del todo inusual permitir a una persona de la clase económica sentarse en primera clase.
Pero, dadas las circunstancias, el comandante encuentra que sería escandaloso obligar a alguien a sentarse junto a una persona tan peligrosa: un racista.

Los pasajeros alrededor, observaban la escena, indignados. Entonces, la azafata, dirigiéndose al árabe, le dice:

-Si el señor lo desea, tome su equipaje de mano, ya que un asiento en primera clase le espera.

Y los pasajeros, que sorprendidos, presenciaban la escena, se levantaron y aplaudieron.


Si luchás contra el racismo y contra la brutalidad y la opresión dirigidas hacia quienes no son "gente como uno", mandá este mensaje a todos tus amigos, pero no apagues tu compu sin haberlo enviado al menos a una persona.

Si somos firmes, pacientes y activos, esta historia puede hacerse verdad dentro de un rato (y de hecho, en la foto, donde jóvenes árabes y judíos hacen música juntos, ya es verdad, como lo es en este video, donde palestinos y judíos cantan por la paz).

Sí, aunque estamos en una hora muy oscura, pero

Sabés,
la hora más oscura es
siempre justo antes del amanecer.


Y parece mucho,
parece mucho
tiempo
el que tarda en llegar el amanecer ...


David Crosby, Woodstock 1969

Crosby, Stills Nash and Young - Woodstock 1969







It's been a long time comin'
It's goin' to be a Long Time Gone.
And it appears to be a long, time, yes, a long, long, long, long time before the dawn.
Turn, turn any corner.
Hear, you must hear what the people say.
You know there's something that's goin' on around here,
the surely, surely, surely won't stand the light of day.
And it appears to be a long, time, yes, a long, long, long, long time before the dawn.

Speak out, you got to speak out against the madness, you got to speak your mind,if you dare.
But don't no don't now try to get yourself elected.
If you do you had better cut your hair.
`Cause it appears to be a long,
Time, such a long long long long time before the dawn.
It's been a long time comin'
It's goin' to be a long time gone.

But you know,
The darkest hour is always
Always just before the dawn.
And it appears to be a long, appears to be a long,
appears to be a long
Time before the dawn.