Editor: Mario Rabey

30 de enero de 2009

Muerte en Gaza: La metástasis del racismo nazi


por Xosé Manuel Beiras

Galicia Hoxe

La tragedia de Gaza continúa. Impertérrita, la barbarie nazi de ahora sigue machacando la ciudad y los ciudadanos palestinos. Inconmovible, la soberbia sectaria del Estado sionista de Israel prosigue su sórdida tarea de “limpieza étnica” y exterminio. Su insensibilidad alcanza el paroxismo en el desprecio de cualquier valor humanitario: para ese poder criminal, los palestinos no son seres humanos, sino simple carne de cañón. En paralelo con la hipocresía de las cristianísimas potencias “occidentales”, que reeditan el rigodón que bailaron en otro tiempo ante el hitlerismo asesino de la II República española, de la democracia austriaca, del pueblo checo con el pretexto de la famosa “cuestión de los sudetes”. Releo “Le sursis”- ´La prórroga´- el segundo volumen de “Les chemins de la liberté”, la lúcida trilogía narrativa de Sartre. Siento impotencia y desesperación. Trato de recobrar la confianza en la fuerza de la razón, pero sin esperanza. Retomo mis dos reflexiones morales de marzo de 2007. Me acuerdo de aquella aseveración, creo que de Gide: todo está ya escrito, pero como nadie lee, hay que escribirlo de nuevo. Y me decido a reproducirlas de nuevo en dos entregas consecutivas. A gritarlas contra la muerte en Gaza. Aunque resulte inútil.

Es la mía una generación marcada desde la infancia por la “solución final”, más comúnmente mentada mediante el vocablo “holocausto”. Hace tiempo que considero más congruente e inequívoco emplear la primera fórmula “solución final” –“Endlösung”, en alemán-, es una expresión inventada por los jerifaltes nazis, principalmente Himmler y Goering, para referirse eufemísticamente a los planes del III Reich para el exterminio de los judíos de toda Europa. En rigor, mejor dicho, para el exterminio de todos los seres que ellos consideraban “Untermenschen”, infrahombres o subhumanos, y que abarcaban, además del pueblo judío, también a los pueblos eslavos y gitanos. Desde luego, a los verdugos nazis sólo les dio tiempo para aplicar masivamente ese plan de exterminio a la primera de las víctimas previstas: el terrorífico genocidio se consumó primordialmente sobre millones de judíos en toda la Europa ocupada por el III Reich. Pero, si hubiera triunfado el imperio concebido para mil años por la paranoia hitleriana, los eslavos hubiesen sufrido el mismo destino brutal; de hecho, lo sufrieron buena parte de sus elites allá donde pasó el Atila nazi.

En todo caso, me parece que, para mejor justicia histórica, hay que identificar ese genocidio con la denominación acuñada precisamente por los genocidas y no por sus víctimas. Y digo esto porque, en su lugar, “holocausto” es una palabra que en su origen, denomina un tipo de sacrificio religioso que, en la cultura hebrea más antigua, practicaban los israelitas, en el que la víctima era completamente consumida por el fuego. Entenderéis ahora que sería un descarnado sarcasmo aplicar a ese genocidio un término procedente de un bárbaro uso litúrgico de los más antiguos antepasados de las víctimas de la barbarie nazi. Al contrario, no resultaría incongruente denominar holocausto, claro que en proporciones de reproducción a escala reducida, a lo que en el momento presente el Estado de Israel hace padecer al martirizado pueblo palestino en su propio hogar. Que es suyo desde hace más de un milenio, sin que además sea responsable de que, con mucha anterioridad, el pueblo judío fuese dispersado y condenado a la diáspora.

Pero os decía al comienzo que mi generación fue marcada desde la infancia por el genocidio, sea “holocausto” o “Endlösung”, perpetrado sobre los judíos europeos por los nazis del funesto III Reich. En mi impresionable mente infantil quedaron grabadas imágenes terribles, vistas en los noticiarios de la época las escasas ocasiones en que me llevaban al cine, del espanto descubierto por las tropas aliadas al llegar a los campos nazis de concentración y exterminio. Y todo lo que vino desde entonces: crecí y llegué a la adolescencia en el período de una intensa, constante y alargada campaña de información, ilustración y denuncia, eso si, retrospectivas, sobre la masacre padecida por el pueblo judío en la Europa del apogeo fascista y nazi. Era como un ritual de exorcismo reiterado hasta la obsesión; una práctica maniática de conjuros para borrar los fantasmas demoníacos de una inconfesa conciencia colectiva de culpa de las democracias occidentales, las del bautizado entonces como “mundo libre”, que permitieron pasivas e incluso cómplices, la “irresistible ascensión” de los totalitarismos fascistas italiano, portugués, alemán y español, causantes de la hecatombe genocida.

Como resultado de ese proceso colectivo, con la metodología similar a la de profanos “ejercicios espirituales” masificados, el pueblo judío, o genéricamente, los judíos a secas, se convirtieron en la encarnación totémica del mito de la víctima expiatoria de la maldad congénita del género humano, concebida en clave de la tradición ideológica, precisamente judeocristiana, en el pueblo mártir de nuestro tiempo; en realidad, de lo que Paco Sanpedro definiría hoy como una modalidad de “violencia excedente”, aunque entonces andaba muy lejos de aprender todo eso. El caso es que pronuncia u oír la palabra “judío”, suscitaba en nosotros, los muchachos de mi tiempo y medio sociocultural, una reacción inmediata de empatía, respeto, terror y pulsiones solidarias entremezcladas. Socialmente se pasó del antisemitismo explícito o larvado al filo semitismo acrítico, fuera sincero o hipócrita, que eso, socialmente poco importaba. Fuese el que fuera el asunto, problema o conflicto, los judíos tenían, por principio, razón: la razón de las víctimas inmoladas y los mártires forzosos.

Hasta que, por un lado, uno fue adquiriendo información y formación más solventes y diversificadas en sus fuentes, y además, por otro, llegaron las confrontaciones arabo-israelíes de los años sesenta, con el clímax de la “Blitzkrieg”, la guerra relámpago de Golda Meir y del general israelí del parche en el ojo, como el pirata pata-de-palo de Stevenson, estereotipo del malvado de nuestra adolescencia. En mi caso, ese fue el momento en que se clarificaron los términos y personajes de la tragedia, y surgió en escena la figura humana del pueblo palestino, nazareno excluido hasta ese momento de presencia reconocible a mis ojos. La propia dinámica del drama nos había llevado a elucidar el embrollo: una cosa era el pueblo judío, otra distinta el sionismo, otra los ciudadanos israelíes y otra, en fin, el Estado de Israel. Y luego, con rancho aparte, estaba la víctima contemporánea de todo ese embrollo; la estrictamente contemporánea que no era judía, el pueblo palestino, condenado él en esta ocasión a la diáspora y al holocausto.

El pueblo judío es una nación sin territorio ni fronteras: su “espacio vital” de asentamiento es todo el planeta. No es necesario un territorio para constituir una nación, y está demostrado desde Bauer a Löwy. El pueblo judío es un caso paradigmático: el gitano es otro más. El sionismo es una forma aberrante de nacionalismo expansionista y, tanto en su trasunto profundo como en su contexto socio histórico, imperialista. De hecho, su origen temporal a finales del siglo XIX, está imbricado en el punto de inflexión transicional entre las dos hegemonías planetarias: la del imperialismo británico en declive y la del imperialismo norteamericano emergente. Un nacionalismo chovinista reaccionario y quimérico, y soy consciente de que la quimera es un monstruo mitológico que suscita pavor. El primero, porque pretende retroceder la historia de un pueblo y de la humanidad entera, volviendo al siglo primero de la era cristiana, no hebrea; el segundo, porque la constitución de un Estado israelí en Palestina, no resuelve la diáspora: ni a metro cuadrado por habitante daría cabida a la nación judía actualmente esparcida por el mundo adelante. De manera que la invención del Estado de Israel no resuelve ni el problema nacional ni ninguno de los problemas existenciales del pueblo judío. Ahora bien, le resulta muy útil al imperialismo contemporáneo, no para resolverle los insolubles problemas que mantiene, pero si para crearles un problema trágico a los pueblos de Oriente medio sometidos al imperio yanqui. El Estado de Israel es la clave de bóveda de la arquitectura política y militar del actual Imperio en esa región estratégicamente crucial para sus recursos e intereses vitales. Por eso existe y sobrevive ese estado, que económica, social y políticamente es un engendro inviable en condiciones normales. Aún más, para eso fue creado; el sionismo por sí solo no lo lograría. Lo veremos, si queréis, a renglón seguido.

Atenazado, como en un término sin límites, por su propia función y razón de ser en la estrategia del actual imperialismo yanqui, el Estado de Israel, se comporta con pautas de un tipo de síndrome freudiano: a través de él, y pese a sí mismas, las en otro tiempo víctimas, se vuelvan ahora verdugos. Ese estado viene a ser una metástasis, y como tal metástasis, una metamorfosis desplazada en su ubicación, del racismo nazi que trató de lograr el exterminio del pueblo judío mediante la “solución final” de un problema que únicamente engendró el propio nazismo: la más bárbara y satánica forma de “limpieza étnica” nunca practicada en la moderna historia de la humanidad. Guardadas, repito, todas las proporciones pertinentes entre las magnitudes respectivas del cáncer nazi y la metástasis israelí. Pero, con todo, de limpieza étnica se trata. Intentaré aclararos el aparente enigma.

Benny Morris es un nombre clave en la historiografía del proceso de fundación y consolidación del actual Estado de Israel. Hace cosa de dos decenios que su obra respecto a la génesis de la diáspora, no judía, sino de los refugiados palestinos por el mundo adelante –“The birth of the Palestinian Refugee Problem”- suscitó un considerable escándalo. Uno de los motivos del escándalo, no el principal naturalmente, estribaba en que el propio Morris, lejos de ser un apologista pro-palestino, era un sionista confeso y militante. Poco después, reincidió con estudios sobre las guerras fronterizas de Israel a partir de 1949. Pero, aparte de eso, Morris es autor de una extensa y documentada obra sobre el conflicto árabe-israelí desde los comienzos del movimientos sionista has finales del siglo XX –“Righteous Victims: A History of the Zionist-arab Conflict, 1881-2001” Se trata por lo tanto, de una autoridad destacada en esa materia.

Pues bien, la New Left Review, en una de sus entregas del año 2004, publicó una amplia entrevista hecha a Benny Morris por Ari Shavit. Ya el título de esa entrevista resulta inequívoco en su expresión: “Respecto de la limpieza étnica en Palestina”. Pero, a mayor abundamiento, los editores de la NLR, en la presentación que hacen del documento, informan a sus lectores de que tal entrevista se publicó meses antes en el diario Haaretz bajo este otro rótulo: “Supervivencia de los más aptos”, enunciado que inevitablemente nos hace evocar el darwinismo social racista y, por pasiva, el designio nazi de la extinción de los “Untermenschen”, los infrahombres o subhumanos. Como señala la NLR, “Morris enuncia a su impresionado interlocutor, Ari Shavit, dos verdades desagradables: que el proyecto sionista sólo pudo llevarse a cabo mediante una limpieza étnica deliberada, e incluso que, una vez iniciada, las únicas razones para interrumpirla antes de una total eliminación de la población árabe de Palestina fueron puramente circunstanciales y tácticas”.

En efecto, Shavit no oculta su pasmo en la introducción de la entrevista hecha a Morris. “De manera, dice, que durante los últimos dos años, el ciudadano Morris (sionista combativo) y el historiador Morris (historiador veraz) trabajaron como si no hubiera ningún vínculo entre sí; como si uno tratase de salvar lo que el otro trataba de erradicar”. Y no es para menos. Resulta sorprendente, y terrorífico, que alguien que corrobora, como hace Morris en la entrevista, que ya en 1948, “Ben Gurion fue personalmente responsable de una política deliberada y sistemática de expulsión en masa” de los palestinos, afirme a renglón seguido que “Ben Gurion tenía razón” y, aún encima, no se inmute.

Destaco algunas preguntas y respuesta ilustrativa. “Shavit: Estamos hablando de asesinatos de miles de personas, de la destrucción de toda una sociedad. Morris: Una sociedad que pretende matar a uno, obliga a destruirla. Shavit: Produce escalofríos la expresión tranquila que emplea. Morris: Si espera que me deshaga en lágrimas, lamento desilusionarlo. Shavit: Por lo tanto, cuando los mandos israelíes no se inmutaron a la vista de la larga y terrible columna de 50.000 personas expulsadas de Lod, ¿LOS JUSTIFICA Vd.? Morís: Los entiendo muy bien- No creo que tuvieran problemas de conciencia, y yo tampoco los habría tenido. Sin aquella acción no hubieran ganado la guerra y el Estado judío (sic) no hubiera nacido. Shavit: ¿No los condena moralmente? Morris: No. Shavit: Perpetraron una limpieza étnica…Morris: Hay circunstancia en la historia que justifican la limpieza étnica. Shavit: ¿Y era esa la situación en 1948? Morris: Así es. Era esa la que el sionismo tenía ante sí. El Estado judío (sic) no hubiese nacido sin la expulsión de 700.000 palestinos. Por lo tanto, era preciso expulsarlos. No había otra opción”.

Milosevic fue condenado, y está muerto, por algo así, sólo que era jefe del Estado serbio y no del israelí como Ben Gurion. Y 1948 era sólo el comienzo. El Estado de Israel lleva medio siglo violando los derechos del hombre (y del ciudadano) proclamados en la carta de las Naciones Unidas, a las que pertenece sin haber sido expulsado, además de hacer caso omiso de un conjunto de resoluciones del Consejo de seguridad de la misma ONU. Como si tal cosa. Perdón, me confundí. Como si tal cosa, no: culminó su escalada por ahora, con la agresión bélica permanente “caliente”, sin declarar la guerra, pero parece que eso está de moda, y el cercamiento de las comunidades palestinas reproduciendo a escala multiplicada en dimensión, el muro que cayó en Berlín al final de la guerra”fría”. Por cierto, que hace pocos meses, un ensayo del historiador Gadi Algaza revela que “una alianza militarizada de empresas de software subvencionadas por el Estado israelí, de promotores inmobiliarios y de bolsas cautivas de trabajo femenino judío-ortodoxo, está forjándose en el perímetro del Muro de separación levantado en los territorios ocupados” en Cisjordania. ¡No todo había de ser motivación ideológica y religiosa de seguridad “nacional”!

Lo más grave del embrollo es que, hablan otra vez los editores de NLR, “la lógica de la postura de Morris es irrebatible. Si los palestinos pueden ser maltratados hasta que se resignen a darse por satisfechos con menos de una quinta parte del país, entonces ¿por qué no acabar con ellos y expulsar a todos los que aún quedan? El mérito de la sinceridad de Morris radica en dejar claro que ‘el proceso de paz’ en todas sus formas, tan múltiple como monótono, desde Oslo a Ginebra, no es otra cosa que la guerra contra los palestinos librada por otros medios”. Esta paráfrasis tácita del famoso aforismo de von Clausewitz en formulación invertida además, resulta de una atroz elocuencia como conclusión: la política yanqui-israelí como continuación de la guerra anti-árabe por otros medios.

Hace dos años, Virginia Tilley, investigadora en ciencias humanas en Pretoria, publicó un libro, “The One-State Solution”, basándose en los resultados de sus exhaustivos estudios sobre los conflictos raciales en el caso sudafricano, para propugnar la fórmula de un solo estado como única solución posible para el conflicto israelo-palestino. El año pasado, un profesor de ciencias políticas israelí arremetió contra la tesis de Tilley por considerarla ilusoria, divorciada de la realidad social y desconocedora de la “verdadera naturaleza del sionismo”. En su réplica, Tilley reitera como una salida política factible una democracia no confesional en un único estado laico judeo-palestino. No puedo siquiera presentir si esa solución es ilusoria o podría ser viable. Pero considero lúcidas, y comparto, las aseveraciones de Tilley que transcribo aquí: “los argumentos sionistas a favor de una Estado judío hacen equiparaciones confusas entre nacionalidad y estatalidad (mucha gente acostumbra confundir “Estado” y “nación”). Tampoco están familiarizados con la profunda transformación experimentada por el concepto de “estado-nación” en el último medio siglo desplazándose de premisas étnicas a otras cívico-territoriales. En consecuencia, los sionistas no entienden que Israel se ha convertido, en ese aspecto, en un residuo atávico: en un anacronismo”.

Mientras tanto, el pueblo palestino padece un brutal exilio interior: fragmentación, expoliación, mutilación, asedio, éxodo, humillación sistemática. Y violencia. Que es recíproca, sí, sólo que desproporcionada en magnitud y desigual en catalogación por el cedazo mediático. Cuando la violencia la ejerce Israel, las víctimas palestinas lo son de ataques del ejército israelita. Cuando la ejercen los palestinos, las víctimas israelitas los son de acciones terroristas. ¿Alguien aceptaría hoy que se tildase de terrorismo las acciones de la resistencia francesa o de los partisanos italianos en la Francia e Italia ocupadas por el ejército del III Reich durante la II Guerra Mundial?

Pero no sólo los palestinos son víctimas. También los ciudadanos del Estado israelí, sean simples demócratas pacifistas, críticos discrepantes o activos disidentes de la deriva genocida sionista. En un libro conmovedor y estremecedor, editado en Francia hace ya tres años, medio centenar de ellos elevan sus voces frente a los verdugos de esta tragedia. Sirvan de homenaje a todos y todas ellas, esta palabras de Michael Warschawski en el prólogo de esa ágora de “voces disidentes en Israel”.

Al dejar de pensar, la mayoría de los intelectuales israelíes perdieron la capacidad de distinguir el bien del mal. Cuando le pedía que utilizase su autoridad moral para hacer cesar los tiroteos sobre las ambulancias palestinas, un gran escritor de izquierdas israelí me contestó: ‘Deje de hacer moralismo; la situación exige posturas políticas, no lecciones de moral’ (…) (Pero) aún existen en Israel hombre y mujeres que rechazan ulular con los lobos. Israelíes que no aceptan hacer callar su conciencia, ni amordazar su capacidad crítica. Israelíes que resisten y luchan contra el racismo y el odio, contra la resignación y la desesperación. Israelíes que no dejaron de creer en la paz y que siguen luchando a favor de la coexistencia de los pueblos”.

Xosé-Manuel Beiras, miembro del Consejo Editorial de SINPERMISO, es el más destacado dirigente de la izquierda nacionalista gallega.
Profesor de economía en la Universidad de Santiago de Compostela, ha sido uno de los políticos más sólidos, imaginativos e independientes de la izquierda durante la transición política en el Reino de España.

Traducción para www.sinpermiso.info : Ramón Sánchez Tabares

Carta al presidente de Israel del nieto de una víctima del Holocausto



Borrad el nombre de mi abuelo en Yad Vashem

Jean-Moïse Braitberg
LE MONDE
Traducido del francés para Rebelión por Germán Leyens

Señor presidente del Estado de Israel:

Le escribo para que intervenga ante quien sea a fin que se retire del Memorial de Yad Vashem dedicado a la memoria de los víctimas judías del nazismo, el nombre de mi abuelo, Moshe Brajtberg, gaseado en Treblinka en 1943, así como los de los demás miembros de mi familia muertos en deportación en diferentes campos nazis durante la segunda guerra mundial. Le demando que acceda a mi pedido, señor presidente, porque lo que pasó en Gaza, y de modo más general, la suerte dada al pueblo árabe de Palestina desde hace sesenta años, descalifica a mis ojos a Israel como centro de la memoria del mal hecho a los judíos y por lo tanto a toda la humanidad.

Desde mi infancia he vivido rodeado de sobrevivientes de los campos de la muerte. He visto los números tatuados sobre los brazos, he escuchado los relatos de las torturas; he conocido los duelos imposibles y he compartido sus pesadillas.

Era preciso, me enseñaron, que esos crímenes no recomenzaran jamás, que nunca más un hombre, por su pertenencia a una etnia o a una religión desprecie a otro, que atropelle sus derechos más elementales que son una vida digna en la seguridad, la ausencia de barreras, y la luz, por lejana que sea, de un porvenir de serenidad y prosperidad.

Pero, señor presidente, observo que a pesar de algunas decenas de resoluciones aprobadas por la comunidad internacional, a pesar de los claros indicios de la injusticia cometida contra el pueblo palestino desde 1948, a pesar de las esperanzas nacidas en Oslo y a pesar del reconocimiento del derecho de los judíos israelíes a vivir en paz y seguridad, reafirmadas frecuentemente por la Autoridad Palestina, las únicas respuestas aportadas por los sucesivos gobiernos de su país han sido la violencia, el derramamiento de sangre, el encierro, los incesantes controles, la colonización, las expoliaciones.

Usted me dirá, señor presidente, que es legítimo, para su país, que se defienda contra los que lanzan cohetes contra Israel, o contra los kamikazes que se llevan con ellos numerosas vidas israelíes inocentes. A lo cual le responderé que mi sentimiento de humanidad no varía según la ciudadanía de las víctimas.

Al contrario, señor presidente, usted dirige los destinos de un país que no sólo dice representar a los judíos en su conjunto, sino también la memoria de los que fueron víctimas del nazismo. Es eso lo que me preocupa y me es insoportable. Al conservar en el Memorial de Yad Vashem, en el corazón del Estado judío, el nombre de mis parientes, vuestro Estado tiene prisionera mi memoria familiar tras las alambradas de púa del sionismo para que sean rehenes de una así llamada autoridad moral que comete cada día la abominación que es la negación de justicia.
Por lo tanto, le ruego que retire el nombre de mi abuelo del santuario dedicado a la crueldad cometida contra los judíos para que no siga justificando la cometida contra los palestinos.

Sírvase aceptar, señor presidente, el testimonio de mi respetuosa consideración.

Jean-Moïse Braitberg es escritor

Musulmanes y judíos, por la paz y la justicia


Ricardo H. Elía
Para LA NACION

Cuando a principios del siglo VII se produce la proclamación del Islam mediante la revelación divina al profeta Muhammad (Bendición y Paz) que se halla en el Corán, los musulmanes reconocieron que los judíos eran verdaderos creyentes y sus aliados naturales de la causa del Dios Uno y Unico.

Los profesores Allan Harris Cutler y Helen Elmquist Cutler, académicos norteamericanos reconocidos, han elaborado una tesis que demuestra a fondo este contexto. Su obra, titulada The Jew As Ally of the Muslim: Medieval Roots of Anti-Semitism (El judío como aliado del musulmán: raíces medievales del antisemitismo), publicada por la University of Notre Dame Press (Notre Dame, Indiana, 1986) evidencia, por medio de múltiples fuentes y hechos históricos, que la tendencia de los europeos medievales era ver al judío como un aliado del musulmán, sentimiento que fue el principal factor que desarrolló el antisemitismo.

La lógica de los Cutler dice que una de las principales razones que fomentó el odio contra los judíos por parte de los europeos fue que aquellos, en numerosas ocasiones, ayudaban y auxiliaban a los musulmanes en la España árabe, durante las Cruzadas y en el período del Imperio Otomano.

Esto no sólo no es novedad, sino que se trata de afirmaciones históricas irrefutables. Basta con recordar algunos ejemplos. Cuando los musulmanes entraron en Córdoba, en 711, eligieron a la comunidad judía como protectora de la ciudad. Los califas cordobeses del siglo X tuvieron de canciller y primer ministro del reino al médico judío Hasdai ibn Shaprut. El sabio judío cordobés Maimónides del siglo XII fue médico personal del último califa fatimí y del sultán Saladino. En 1431, en la batalla de la Higueruela, se destacaron varios batallones de combatientes judíos granadinos que pelearon junto con sus hermanos musulmanes contra los castellanos. "Fue aquélla la época dorada de los israelitas, que estuvieron siempre en pie de igualdad con los musulmanes." (Felipe Torroba Bernaldo de Quirós: Historia de los sefarditas , Buenos Aires. Eudeba, 1968, pág. 189).

Más tarde, a principios del siglo XIX, la intelectualidad judía europea se proclamó admiradora de lo musulmán para reafirmar su identidad y defender sus derechos ante las persecuciones que sufrían en los distintos países. Tenemos el caso de Heinrich Heine que afirmó ser musulmán y escribió una tragedia poética, Almanzor (1821), lamentando la caída de la España musulmana. Un conspicuo estudioso de la historia del Islam, el profesor Reuven Amitai de la Universidad Hebrea de Jerusalén, en una de las conferencias que dictó en Buenos Aires, en octubre de 2008, explicó: "El judaísmo y el Islam tienen tanto en común, y la historia de los judíos y los musulmanes está tan entrelazada, que diciendo que él es un musulmán Heine está declarando que él nunca ha dejado de ser judío a pesar de su conversión externa".

La educadora judía alemana radicada en la Argentina, Erna Sara Schlesinger, acredita en su obra Mil preguntas y respuestas sobre judaísmo (Buenos Aires. S. Sigal, 1966, pág. 21) que la llamada Estrella de David es primero un símbolo musulmán y luego judío. Efectivamente, ese emblema adoptado por las comunidades judías a partir del siglo XIV, que es posible encontrar frecuentemente en mezquitas y edificios islámicos, representa geométricamente la Unicidad divina, infinita e incomparable.

Ahora, en una nota reciente en estas páginas, Marcos Aguinis califica de "parricidas" (en relación con el judaísmo) a cristianos y musulmanes, y nos acusa a los musulmanes de estar colonizados por la producción antisemita occidental. El Diccionario de la Real Academia Española tiene tres definiciones de semita: 1. Según la tradición bíblica, descendiente de Sem; 2. Se dice de los árabes, hebreos y otros pueblos; 3. Perteneciente o relativo a estos pueblos.

El Estado de Israel, en 23 días, mató en Gaza a por lo menos 1450 semitas palestinos, e hirió y mutiló a otros 6000. Pedro Lipcovich, en un artículo dice: "Hoy, en enero de 2009, la mejor manera de asumir la condición judía es la vergüenza. Vergüenza fáctica, por el genocidio que el Estado de Israel lleva a cabo sobre el pueblo palestino. [...] La mayor vergüenza es la utilización de la memoria de la Shoah -que hubiera querido preservarse como patrimonio sagrado, horroroso, de la humanidad- para justificar políticas que siniestramente la reproducen sobre terceros. La política del Estado de Israel es antisemita, no sólo porque sus víctimas, los palestinos, son semitas, sino porque responde a los principios del antisemitismo: la negación de derechos a un conjunto humano definido étnicamente, el sostén de privilegios derivados de un supuesto origen racial, el milenarismo". ( Página 12 , Buenos Aires, sábado 10 de enero de 2009).

Por su parte, el filósofo judío Martin Gak reflexiona: "¿Qué diríamos si supiéramos que Israel usó fósforo blanco o artillería de 155 mm en una zona de alta densidad de población en violación de la Convención de Ginebra? Esto es lo que se nos pide justificar: lo injustificable. Todos los judíos estamos implicados en estos actos porque Israel, en la narrativa del Estado, dice actuar como portador y garante del destino histórico judío. No denunciar estas barbaries es hacerse eco de ellas, especialmente cuando son llevadas a cabo en nuestro nombre. Le rehúso al Estado de Israel autoridad sobre mi identidad cultural, histórica, política o religiosa. Y por sobre todas las cosas, le niego la voz de mi conciencia". ( Clarín , viernes 23 de enero, 2009, p. 21).

La intelectualidad judía progresista argentina, uno de nuestros mayores reaseguros contra la prepotencia, el autoritarismo y la violación de los derechos humanos y civiles, se ha expedido contra los crímenes israelíes en Gaza. Entre los diversos nombres figuran un filósofo, como León Rozitchner; un dramaturgo, como Eduardo Pavlovsky; un sindicalista, como Hugo Yasky, y un poeta, como Juan Gelman.

En diciembre de 1948, luego de producirse masacres como la de Deir Yassin para aterrorizar y forzar al pueblo palestino a abandonar en masa sus tierras ancestrales (recordemos que la ciudad de Jericó, la más antigua del mundo, está habitada desde el año 9000 a.C., cuando los hebreos no existían), personalidades judías, como el físico Albert Einstein, la pensadora Hannah Arendt y el rabino Jessurun Cardozo condenaron esas acciones todavía impunes del flamante Estado sionista en las páginas de The New York Times .

Si la mayoría de las naciones del mundo y las propias Naciones Unidas condenan los actos criminales de lesa humanidad del Estado de Israel (y no del pueblo judío, pues ambas cosas jamás pueden confundirse) desde hace más de sesenta años, ¿no será que tienen algo de razón?

Para erradicar definitivamente el conflicto de Medio Oriente es menester que la paz y la concordia prevalezcan, y se construyan con justicia y equidad. El Estado de Palestina, libre, independiente y soberano, debe ser establecido ya junto al Estado de Israel. Ambos estados deben tener fronteras reconocidas y seguras de acuerdo con la resolución 242 de la ONU de 1967. Y que se cumpla también la resolución 3236 de la ONU de 1974 que permite el retorno de la diáspora palestina.

El destino reservado por el Misericordiosísimo para toda la humanidad está sintetizado en la profecía de Isaías: "Forjarán sus espadas en rejas de arado, y sus lanzas en podaderas. No alzará espada nación contra nación ni se adiestrarán más para la guerra". Así, alcanzaremos la ilegitimidad de la guerra y con ella la salvación. Dios así lo quiera.

El autor es director del departamento de Estudios Históricos del Centro Islámico de la República Argentina

26 de enero de 2009

La nueva Constitución de Bolivia: el Preámbulo


En tiempos inmemoriales se erigieron montañas, se desplazaron ríos, se formaron lagos. Nuestra amazonia, nuestro chaco, nuestro altiplano y nuestros llanos y valles se cubrieron de verdores y flores. Poblamos esta sagrada Madre Tierra con rostros diferentes, y comprendimos desde entonces la pluralidad vigente de todas las cosas y nuestra diversidad como seres y culturas. Así conformamos nuestros pueblos, y jamás comprendimos el racismo hasta que lo sufrimos desde los funestos tiempos de la colonia.

El pueblo boliviano, de composición plural, desde la profundidad de la historia, inspirado en las luchas del pasado, en la sublevación indígena anticolonial, en la independencia, en las luchas populares de liberación, en las marchas indígenas, sociales y sindicales, en las guerras del agua y de octubre, en las luchas por la tierra y territorio, y con la memoria de nuestros mártires, construimos un nuevo Estado.

Un Estado basado en el respeto e igualdad entre todos, con principios de soberanía, dignidad, complementariedad, solidaridad, armonía y equidad en la distribución y redistribución del producto social, donde predomine la búsqueda del vivir bien; con respeto a la pluralidad económica, social, jurídica, política y cultural de los habitantes de esta tierra; en convivencia colectiva con acceso al agua, trabajo, educación, salud y vivienda para todos.

Dejamos en el pasado el Estado colonial, republicano y neoliberal. Asumimos el reto histórico de construir colectivamente el Estado Unitario Social de Derecho Plurinacional Comunitario, que integra y articula los propósitos de avanzar hacia una Bolivia democrática, productiva, portadora e inspiradora de la paz, comprometida con el desarrollo integral y con la libre determinación de los pueblos.

Nosotros, mujeres y hombres, a través de la Asamblea Constituyente y con el poder originario del pueblo, manifestamos nuestro compromiso con la unidad e integridad del país.

Cumpliendo el mandato de nuestros pueblos, con la fortaleza de nuestra Pachamama y gracias a Dios, refundamos Bolivia.

Honor y gloria a los mártires de la gesta constituyente y liberadora, que han hecho posible esta nueva historia.

25 de enero de 2009

Centro Cultural de la Cooperación Floreal Gorini - Temporada 2009

Centro Cultural de la Cooperación Floreal Gorini - Temporada 2009

Programación artística

Atendiendo el éxito obtenido durante el año 2008 se reponen los espectáculos Fin de Partida de Samuel Beckett, Solo Brumas de Eduardo Pavlovsky, Grande y Pequeño de Botho Strauss y Crónicas de un Comediante, un monólogo de Manuel Santos Iñurrieta que dirige y actúa el propio autor. El primer espectáculo está dirigido y actuado por Lorenzo Quinteros y Pompeyo Audivert, el segundo bajo la dirección de Norman Briski y con la actuación del propio Eduardo Pavlovsky, Susi Evans, Mirta Bogdasarian y Eduardo Misch. La obra de Strauss está dirigida por Manuel Iedvabni y actuada por Ingrid Pelicori y Horacio Roca.

Durante la primera parte del año se presenta Hija de la dictadura argentina un monólogo escrito y actuado por Lucila Teste, dirigido por Arià Clotet con la voz en off de Cecilia Roth que dice poemas de Juan Gelman. El estreno de El Príncipe de Hamburgo, la clásica obra del aautor alemán Heinrich Von Kleist estará dirigida y adaptada por Oscar Barney Finn con las actuaciones de Antonio Ugo, María Comesaña y elenco. También se estrena Los Siete Locos de Roberto Arlt, adaptada y dirigida por Omar Aita y la obra de J. B. Priestley: El Tiempo y los Conway, dirigida por Mariano Dossena, este espectáculo está dedicado al autor inglés en el 25 aniversario de su fallecimiento.

Para el segundo semestre del año está previsto el estreno de la obra de teatro Niños Espósito de Rafael Bruza, dirigida y actuada por Víctor Laplace. Antígonas, la obra de Alberto Muñoz será dirigida por Leonor Manso con la actuación de Ingrid Pelicori y Claudia Tomás. Leonor Manso e Ingrid Pelicori actuarán en un nuevo espectáculo bajo la dirección y texto de Bea Odoriz. La obra Azucena sin guipiur volverá a la cartelera con una puesta dirigida por su autor Alfredo Megna y con las actuaciones de Laura Bove y Adolfo Yanelli. Manuel Santos Iñurrieta estrena su espectáculo Teruel y la continuidad del sueño codirigido con Julieta Grinspan.

Está previsto también para esta temporada el espectáculo musical “La Inhumana”, una idea de Alejandra Radano y Fabián Luca y actuada por la propia Radano y dirigida por Fabián Luca. El varieté de Clowns y Payasos será dirigido por Christian Forteza y Cristina Marti. El espectáculo de humor Poyo 3.V. escrito y actuado por Gabriel Kipen y dirigido por Walter Velázquez. Se repone El Titiritero una obra de títeres para adultos dirigida por Horacio Peralta.

La cartelera de danza contará con los siguientes espectáculos: Llena de mí, una fusión entre flamenco, tango y folklore, la idea corresponde a Alejandra Kogan y la dirección a Omar Pacheco; La comunidad de los que no tienen comunidad, una propuesta coreográfica creada por Gabily Anadón y actuada por Lucia Russo y Octubre (un blanco en escena) cuyo autor y director es Luis Biasotto.

La programación para niños contará con el estreno de la obra Vení a Verla un juego circense con títeres, objetos y teatro negro dirigida por Antoaneta Madjarova y actuada por el Grupo Kukla. Está previsto el estreno del musical Al tun tun de Débora Azar y se reponen las obras: Un hipo desafinado con la dirección de Nelly Scarpitto y Tres para el té cuyos autores y directores son: Omar Calicchio, Gustavo Monje y Giselle Pessacq. Durante el verano se repone la obra Calidoscopio de teatro negro para los más chiquitos dirigida por Antoaneta Madjarova.

Agradecemos la difusión de esta programación.
Juano Villafañe,
Director Artístico
Centro Cultural de la Cooperación Floreal Gorini

23 de enero de 2009

Paz a través de la música: tocando para el cambio, alrededor de mundo


Músicas y músicos brillantes, de diversos países, fantásticos, hermosos, diversos.

¡Imperdibles!

19 de enero de 2009

El discurso de Barack Obama, glosado y comentado por Daniel Chango Illanes


NIEVE, SANGRE Y UN DESTINO INCIERTO

Por Daniel Chango Illanes

Compatriotas:

1. ¿Qué antepasados?
Me encuentro hoy aquí con humildad ante la tarea que enfrentamos, agradecido por la confianza que me ha sido otorgada, consciente de los sacrificios de nuestros antepasados. Agradezco al presidente Bush su servicio a nuestra nación, así como la generosidad y cooperación que ha demostrado a lo largo de esta transición.

2. La fidelidad del pueblo al Estado, no es lo mismo que ser fieles a los documentos fundacionales. El imperio se disfraza con el ropaje de la primera gra descolonizaciçon hecha contra otro imperio. Obama mezcla todo.

"Ya son cuarenta y cuatro los norteamericanos que han hecho el juramento presidencial. Estas palabras han sido pronunciadas durante mareas de prosperidad y aguas tranquilas de la paz. Y, sin embargo, a veces el juramento se hace en medio de nubarrones y furiosas tormentas. En estos momentos, Estados Unidos se ha mantenido no sólo por la pericia o visión de los altos cargos, sino porque nosotros, el pueblo, hemos permanecido fieles a los ideales de nuestros antecesores y a nuestros documentos fundacionales.

3. Que todo siga igual, a partir de una pulsión historicista

Así ha sido. Y así debe ser con esta generación de norteamericanos.

4. LA CRISIS: asumirla con sentido de guerra, moralización de las causas de la crisis. No es el capitalismo sino la codicia de "algunos" y la "irresponsabilidad" de algunos. Codiciosos son algunos grandes financistas, irresponsables son los que tomaron créditos hipotecarios. Es un fracaso colectivo, según Obama, con lo cual diluye el carácter verdadero del sistema.

Que estamos en medio de una crisis es algo muy asumido. Nuestra nación está en guerra frente a una red de gran alcance de violencia y odio. Nuestra economía está gravemente debilitada, como consecuencia de la codicia y la irresponsabilidad de algunos, pero también por el fracaso colectivo a la hora de elegir opciones difíciles y de preparar a la nación para una nueva era.

5. Noción schmittiana de amigo-enemigo hasta cuando habla del gasto de energía:

Se han perdido casas y empleos y se han cerrado empresas. Nuestro sistema de salud es caro; nuestras escuelas han fallado a demasiados; y cada día aporta nuevas pruebas de que la manera en que utilizamos la energía refuerzan a nuestros adversarios y amenazan a nuestro planeta.

6. Otra vez, el miedo fascistoide al fantasma del declinismo:

Estos son los indicadores de una crisis, según los datos y las estadísticas. Menos tangible pero no menos profunda es la pérdida de confianza en nuestro país - un temor persistente de que el declive de Estados Unidos es inevitable y de que la próxima generación debe reducir sus expectativas.

7. Muchos y graves desafíos

Hoy os digo que los desafíos a los que nos enfrentamos son reales. Son graves y son muchos. No los enfrentaremos fácilmente o en un corto periodo de tiempo. Pero Estados Unidos debe saber que les haremos frente.

8. Dogmas caducos

Hoy nos reunimos porque hemos elegido la esperanza sobre el temor, la unidad de propósitos sobre el conflicto y la discordia. Hoy hemos venido a proclamar el fin de las quejas mezquinas y las falsas promesas, de las recriminaciones y los dogmas caducos que durante demasiado tiempo han estrangulado a nuestra política.

9. Historicismo y sacralización

Seguimos siendo una nación joven, pero, según las palabras de las Escrituras, ha llegado el momento de dejar de lado los infantilismos. Ha llegado el momento de reafirmar nuestro espíritu de firmeza: de elegir nuestra mejor historia; de llevar hacia adelante ese valioso don, esa noble idea que ha pasado de generación en generación: la promesa divina de que todos son iguales, todos son libres y todos merecen la oportunidad de alcanzar la felicidad plena.

10. Reivindicación de la grandeza

Al reafirmar la grandeza de nuestra nación, somos conscientes de que la grandeza nunca es un regalo. Debe ganarse. Nuestro camino nunca ha sido de atajos o de conformarse con menos. No ha sido un camino para los pusilánimes, para los que prefieren el ocio al trabajo o buscan sólo los placeres de la riqueza y la fama. Más bien, han sido los que han asumido riesgos, los que actúan, los que hacen cosas -algunos de ellos reconocidos, pero más a menudo hombres y mujeres desconocidos en su labor, los que nos han llevado hacia adelante por el largo, escarpado camino hacia la prosperidad y la libertad.

11. Los padres fundadores

Por nosotros se llevaron sus pocas posesiones materiales y viajaron a través de los océanos en busca de una nueva vida.

12. El oeste en visión Turner: el mito de la relación democracia oeste. Mezcla la tradición de los que se instalaron por voluntad y los que fueron acarreados como esclavos, como si fuera la misma cosa.

Por nosotros trabajaron en condiciones infrahumanas y se establecieron en el oeste; soportaron el látigo y araron la dura tierra.

13. LAS BATALLAS FUNDANTES

Por nosotros lucharon y murieron en lugares como Concord y Gettysburg, Normandía y Khe Sahn.

[REIVINDICÓ LA MISERABLE GUERRA DE VIETNAM AL NOMBRAR LA BATALLA DE KHE SAHN]

14. Un verdadero mitificador: Estados Unidos no es más grande que todas las diferencias, es, en todo caso un propulsor de homogeneidad forzosa que está fracasando adentro y afuera. Pero Obama lo presenta al revés:

Una y otra vez estos hombres y mujeres lucharon y se sacrificaron y trabajaron hasta tener llagas en las manos para que pudiéramos tener una vida mejor. Veían a Estados Unidos más grande que la suma de nuestras ambiciones individuales, más grande que todas las diferencias de origen, riqueza o facción.

15. Volver a lo mismo y no salir de ahi

Este es el viaje que continuamos hoy. Seguimos siendo la nación más próspera y poderosa de la Tierra. Nuestros trabajadores no son menos productivos que cuando empezó esta crisis. Nuestras mentes no son menos inventivas, nuestros bienes y servicios no son menos necesarios que la semana pasada, el mes pasado o el año pasado. Nuestra capacidad no ha disminuido. Pero el tiempo del inmovilismo, de la protección de intereses limitados y de aplazar las decisiones desagradables, ese tiempo seguramente ha pasado. A partir de hoy, debemos levantarnos, sacudirnos el polvo y volver a empezar la tarea de rehacer Estados Unidos.

16. Visión keynoroosevelteana, planteada con énfasis y elegancia

Porque allí donde miremos, hay trabajo que hacer. El estado de la economía requiere una acción audaz y rápida y actuaremos no sólo para crear nuevos empleos sino para levantar nuevos cimientos para el crecimiento. Construiremos carreteras y puentes, las redes eléctricas y las líneas digitales que alimentan nuestro comercio y nos mantienen unidos. Pondremos a la ciencia en el lugar donde se merece y aprovecharemos las maravillas de la tecnología para aumentar la calidad de la sanidad y reducir su coste. Utilizaremos el sol, el viento y la tierra para alimentar a nuestros automóviles y hacer funcionar nuestras fábricas. Y transformaremos nuestras escuelas y universidades para hacer frente a las necesidades de una nueva era.
Todo esto podemos hacerlo. Y todo esto lo haremos.

17.Ambición nacionalista y derrotismo del establishment

Algunos cuestionan la amplitud de nuestras ambiciones y sugieren que nuestro sistema no puede tolerar demasiados grandes planes. Sus memorias son cortas. Porque han olvidado lo que este país ya ha hecho; lo que hombres y mujeres libres pueden lograr cuando la imaginación se une al interés común y la necesidad a la valentía.

18. Contra los cínicos

Lo que no entienden los cínicos es que el terreno que pisan ha cambiado y que los argumentos políticos estériles que nos han consumido durante demasiado tiempo ya no sirven.

19. Estado y gasto social. Pero no dice nada de disminuir el gasto militar

La pregunta que nos hacemos hoy no es si nuestro gobierno es demasiado grande o pequeño, sino si funciona -ya sea para ayudar a las familias a encontrar trabajos con un sueldo decente, cuidados que pueden pagar y una jubilación digna. Allí donde la respuesta es sí, seguiremos avanzando y allí donde la respuesta es no, pondremos fin a los programas. Y a los que manejamos el dinero público se nos pedirán cuentas para gastar con sabiduría, cambiar los malos hábitos y hacer nuestro trabajo a la luz del día, porque sólo entonces podremos restablecer la confianza vital entre un pueblo y su gobierno.

20. El mercado vigilado, la prosperity, las oortunidades y no la caridad. Folklore yanqui añejo.

La cuestión para nosotros tampoco es si el mercado es una fuerza del bien o del mal. Su poder para generar riqueza y expandir la libertad no tiene rival, pero esta crisis nos ha recordado a todos que sin vigilancia, el mercado puede descontrolarse y que una nación no puede prosperar durante mucho tiempo si favorece sólo a los ricos. El éxito de nuestra economía siempre ha dependido no sólo del tamaño de nuestro Producto Nacional Bruto, sino del alcance de nuestra prosperidad, de nuestra habilidad de ofrecer oportunidades a todos los que lo deseen, no por caridad sino porque es la vía más segura hacia el bien común.

21. Asumir el liderazgo una vez más

En cuanto a nuestra defensa común, rechazamos como falsa la elección entre nuestra seguridad y nuestros ideales. Nuestros padres fundadores, enfrentados a peligros que apenas podemos imaginar, redactaron una carta para garantizar el imperio de la ley y los derechos humanos, una carta que se ha expandido con la sangre de generaciones. Esos ideales aún alumbran el mundo y no renunciaremos a ellos por conveniencia. Y a los otros pueblos y gobiernos que nos observan hoy, desde las grandes capitales al pequeño pueblo donde nació mi padre: sabed que América es la amiga de cada nación y cada hombre, mujer y niño que persigue un futuro de paz y dignidad y de que estamos listos a asumir el liderazgo una vez más.

22. Templanza, humildad y contención. Todos valores muy religiosos. Elementos sublimatorios.

Recordad que generaciones anteriores se enfrentaron al fascismo y al comunismo no sólo con misiles y tanques, sino con sólidas alianzas y firmes convicciones. Comprendieron que nuestro poder solo no puede protegernos ni nos da derecho a hacer lo que nos place. Sabían por contra que nuestro poder crece a través de su uso prudente, de que la seguridad emana de la justicia de nuestra causa, la fuerza de nuestro ejemplo y las cualidades de la templanza, la humildad y la contención.

23. Las amenazas y los principios

Somos los guardianes de este patrimonio. Guiados de nuevo por estos principios, podemos hacer frente a esas nuevas amenazas que exigen aún mayor esfuerzo -incluso mayor cooperación y entendimiento entre las naciones. Comenzaremos a dejar Irak, de manera responsable, a su pueblo, y forjar una paz ganada con dificultad en Afganistán.

24: La nueva guerra: desnuclearizar a los otros y frenar el desarrollo ajeno para que no se recaliente el planeta, mientras los norteamericanos no piden perdón por su estilo de vida

Con viejos amigos y antiguos contrincantes, trabajaremos sin descanso para reducir la amenaza nuclear y hacer retroceder el fantasma de un planeta que se calienta. No vamos a pedir perdón por nuestro estilo de vida, ni vamos a vacilar en su defensa, y para aquellos que pretenden lograr sus fines mediante el fomento del terror y de las matanzas de inocentes, les decimos desde ahora que nuestro espíritu es más fuerte y no se lo puede romper; no podéis perdurar más que nosotros, y os venceremos.

25: Mezcló lo multiétnico con lo multirreligioso. Propuso la pax americana que no es la paz de los pacifistas.

Porque sabemos que nuestra herencia multiétnica es una fortaleza, no una debilidad. Somos una nación de cristianos y musulmanes, judíos y e hindúes - y de no creyentes. Estamos formados por todas las lenguas y culturas, procedentes de cada rincón de esta Tierra; debido a que hemos probado el mal trago de la guerra civil y la segregación, y resurgido más fuertes y más unidos de ese negro capítulo, no podemos evitar creer que los viejos odios se desvanecerán algún día, que las lineas divisorias entre tribus pronto se disolverán; que mientras el mundo se empequeñece, nuestra humanidad común se revelará; y América tiene que desempeñar su papel en el alumbramiento de una nueva era de paz.

26: Visualización del mundo musulmán como fuente de hostilidad, y no aceptó que exista el carácter imperialista de Occidente.

Al mundo musulmán, buscamos un nuevo camino adelante, basado en el interés mutuo y el respeto mutuo. A aquellos líderes en distintas partes del mundo que pretenden sembrar el conflicto, o culpar a Occidente de los males de sus sociedades - sepáis que vuestros pueblos os juzgarán por lo que que podeis construir, no por lo que destruyais.

27: Otra vez llamó a alianza a la corrupción, la mentira y la represión siempre que estén del lado de Estados Unidos. Igual que cuando Roosevelt dijo: "Somoza es un hijo de puta, pero un hijo de puta nuestro"

A aquellos que se aferran al poder mediante la corrupción y el engaño y la represión de la disidencia, teneis que saber que estáis en el lado equivocado de la Historia; pero os tenderemos la mano si estáis dispuestos a abrir el puño.

28. Mito farmer usado como propaganda universal: fluir de aguas limpias en florecidas granjas... Eso parece ser la idea del mundo que ha cambiado

A los pueblos de las naciones más pobres, nos comprometemos a colaborar con vosotros para que vuestras granjas florezcan y dejar que fluyan aguas limpias; dar de comer a los cuerpos desnutridos y alimentar las mentes hambrientas. Y a aquellas naciones que, como la nuestra, gozan de relativa abundancia, les decimos que no nos podemos permitir más la indiferencia ante el sufrimiento fuera de nuestras fronteras, ni podemos consumir los recursos del mundo sin tomar en cuenta las consecuencias. Porque el mundo ha cambiado, y nosotros tenemos que cambiar con él.

29. Reivindicación del ejército imperial. Arlington como omphalos, la trascendencia desde la guerra. Ese es el espiritu que propone. Muy peligroso

Al contemplar la ruta que se despliega ante nosotros, recordamos con humilde agradecimiento aquellos estadounidenses valientes quienes, en este mismo momento, patrullan desiertos lejanos y montañas distantes. Tienen algo que decirnos, al igual que los héroes caídos que yacen en (el cementerio nacional de) Arlington susurran desde los tiempos lejanos. Les rendimos homenaje no sólo porque son los guardianes de nuestra libertad, sino también porque encarnan el espíritu de servicio; la voluntad de encontrar sentido en algo más grande que ellos mismos. Sin embargo, en este momento -un momento que definirá una generación- es precisamente este espíritu el que tiene que instalarse en todos nosotros.

30. La voluntad del padre de cuidar al niño. El neopaternalismo imperial

Por mucho que el gobierno pueda y deba hacer, en última instancia esta nación depende de la fe y la decisión del pueblo estadounidense. Es la bondad de acoger a un extraño cuando se rompen los diques, la abnegación de los trabajadores que prefieren recortar sus horarios antes que ver a un amigo perder su puesto de trabajo, lo que nos hace superar nuestros momentos más oscuros. Es la valentía del bombero al subir una escalera llena de humo, pero también la voluntad del progenitor de cuidar a un niño, lo que al final decide nuestra suerte.

32. No hay ningún cambio. Lo viejo es lo verdadero.

Nuestros desafíos podrían ser nuevos. Las herramientas con que los hacemos frente podrían ser nuevas. Pero esos valores sobre los que depende nuestro éxito - el trabajo duro y la honestidad, la valentía y el juego limpio, la tolerancia y la curiosidad, la lealtad y el patriotismo - esas cosas son viejas. Esas cosas son verdaderas. Han sido la fuerza silenciosa detrás de nuestro progreso durante toda nuestra historia. Lo que se exige, por tanto, es el regreso a esas verdades. Lo que se nos pide ahora es una nueva era de responsabilidad - un reconocimiento, por parte de cada estadounidense, de que tenemos deberes para con nosotros, nuestra nación, y el mundo, deberes que no admitimos a regañadientes, sino que acogemos con alegría, firmes en el conocimiento de que no hay nada tan gratificante para el espíritu, tan representativo de nuestro carácter que entregarlo todo en una tarea difícil.
Este es el precio y la promesa de la ciudadanía.
Esta es la fuente de nuestra confianza - el saber que Dios nos llama a dar forma a un destino incierto.
Este es el significado de nuestra libertad y de nuestro credo - por lo que hombres y mujeres y niños de todas las razas y de todas las fes pueden unirse en una celebración a lo largo y ancho de esta magnífica explanada, por lo que un hombre cuyo padre, hace menos de 60 años, no habría sido servido en un restaurante ahora está ante vosotros para prestar el juramento más sagrado.

33. La nieve manchada de sangre y la región fundante de la identidad

Así que, señalemos este día haciendo memoria de quiénes somos y de lo largo que ha sido el camino recorrido. En el año del nacimiento de América, en uno de los más fríos meses, una reducida banda de patriotas se juntaba ante las menguantes fogatas en las orillas de un río helado. La capital se había abandonado. El enemigo avanzaba. La nieve estaba manchada de sangre. En un momento en que el desenlace de nuestra revolución estaba más en duda, el padre de nuestra nación mandó que se leyeran al pueblo estas palabras:

34. Citando Washington y parafraseando a Shakespeare, pero siempre con la idea de demos de la predestinación, lo cual implica un sentido imperial, una especie de sublimación del imperialismo. Una idea imperial, tal como Mercurino Gattinara la inculcó en Carlos V:

"Que se cuente al mundo del futuro que en las profundidades del invierno, cuando nada salvo la esperanza y la virtud podían sobrevivir ... la urbe y el país, alarmados ante un peligro común, salieron a su paso."
América. Ante nuestros peligros comunes, en este invierno de nuestras privaciones, recordemos esas palabras eternas. Con esperanza y virtud, sorteemos nuevamente las corrientes heladas, y aguantemos las tormentas que nos caigan encima. Que los hijos de nuestros hijos digan que cuando fuimos puestos a prueba nos negamos que permitir que este viaje terminase, no dimos la vuelta para retroceder, y con la vista puesta en el horizonte y la gracia de Dios encima de nosotros, llevamos aquel gran regalo de la libertad y lo entregamos a salvo a las generaciones venideras.

[El invierno de nuestra desventura, dice Shakespeare en el Ricardo III]

Gracias, que Dios os bendiga, que Dios bendiga a América.

18 de enero de 2009

Un árabe frente a Auschwitz, el libro de Jean Mouttapa




Un árabe fente a Auschwitz
La memoria compartida
Jean Mouttapa

En el año 2002, frente a la angustia sin precedente que se ha adueñado de los judíos de Israel y de la diáspora desde la segunda Intifada, cuando el diálogo parecía inexistente, Emile Shoufani propuso una iniciativa única, magnífica pero a priori irrealizable: un viaje judeo-árabe al emplazamiento de Auschwitz-Birkenau y una exploración común de la memoria de la Shoá. Respondiendo al llamado lanzado por el «cura de Nazaret», centenares de árabes israelíes quisieron penetrar en la memoria judía para situar el diálogo a un nivel distinto, en un gesto deliberadamente gratuito que ha conmovido a muchas conciencias judías en Israel y en el mundo.

El viaje, titulado «Memoria por la Paz», destinado a promover una movilización para poner fin a la lógica destructora del rechazo al otro, tuvo lugar en mayo de 2003, reuniendo a más de quinientas personas provenientes de Israel, Francia y Bélgica: judíos, musulmanes, cristianos o no creyentes. Jean Mouttapa reconstruye las etapas de esa aventura colectiva en la que Émile Shoufani hubo de superar increíbles dificultades y remover montañas de desconfianza recíproca. Ofrece también sus propias reflexiones sobre las relaciones entre judíos y musulmanes, sobre las nuevas formas del antisemitismo y sobre la necesidad de una «universalización» de la memoria de la Shoá.


Mostrar Indice
Páginas: 270
Formato: 20x14
ISBN: 987 - 21897 - 7 - 3
Precio al público: $25

Gandhi, Palestina y los judíos


'THE JEWS', BY GANDHI - FROM HARIJAN, NOVEMBER 26, 1938

Traducción y notas: Mario Rabey


En inglés, completo


Todas mis simpatías están con los judíos. Los he conocido íntimamente en Sudáfrica. Algunos de ellos se hicieron compañeros de toda la vida. A través de estos amigos vine a aprender mucho acerca de su persecución a lo largo de la Historia. Ellos han sido los intocables (1) de la Cristiandad. Hay un cerrado paralelismo entre la forma en que han sido tratados por los Cristianos y el tratamiento a los intocables por los Hindúes. En ambos casos, se ha invocado la sanción religiosa para justificar el tratamiento inhumano al cual se los ha sometido. Entonces, aparte de las amistades, mi simpatía hacia los judíos está fundamentada en la razón universal más común (2).

Pero mi simpatía no me ciega a los requisitos de la justicia. El reclamo de un hogar nacional para los judíos no me convoca para nada. La justificación para ello se busca en la Biblia y en la tenacidad con la cual los judíos han persistido después de su retorno a Palestina. Pero, ¿por qué no pueden, como otros pueblos de la tierra, convertir en hogar al país donde han nacido y donde ganan su sustento? (3)

Palestina pertenece a los árabes (4) en el mismo sentido que Inglaterra pertenece a los ingleses o Francia a los franceses. Es incorrecto e inhumano imponer los judíos a los árabes. Lo que está sucediendo actualmente en Palestina no se puede justificar por ningún código moral de conducta. Los Mandatos no tienen ninguna otra sanción legal que la de la guerra pasada (5). Sería seguramente un crimen contra la humanidad reducir a los orgullosos árabes para poder restaurar Palestina a los judíos en parte o enteramente como su hogar nacional (6).

El camino más noble sería perseverar en un tratamiento justo para los judíos dondequiera que nazcan y se críen. Los judíos nacidos en Francia son franceses en exactamente el mismo sentido en que los cristianos nacidos en Francia son franceses. ¿Si los judíos no tienen ningún hogar además de Palestina, estarán de acuerdo con la idea de ser forzados a abandonar los otros lugares del mundo donde están asentados? ¿O quieren un hogar doble en donde pueden permanecer según su voluntad? Este reclamo por el hogar nacional proporciona una justificación bien coloreada para la expulsión alemana de los judíos (7).

[...]

Y ahora unas palabras para los judíos en Palestina. No tengo ninguna duda de que ellos están en el camino equivocado. La Palestina del concepto bíblico no es una zona geográfica. Está en sus corazones. Pero si deben mirar a la Palestina de la geografía como su hogar nacional, es incorrecto incorporarlo a la sombra de las armas británicas. Un acto religioso no se puede realizar con la ayuda de la bayoneta o de la bomba. Solamente se pueden asentar en Palestina con la buena voluntad de los árabes. Deberían intentar convertir el corazón árabe. El mismo Dios que gobierna el corazón árabe gobierna el corazón judío. Pueden ofrecer satyagraha delante de los árabes y ofrecerse para ser baleados o lanzados al Mar Muerto sin levantar el dedo meñique contra ellos. Encontrarán la opinión del mundo en su favor en su aspiración religiosa. Hay centenares de maneras de razonar con los árabes, si desechan la ayuda de la bayoneta británica. Así como está planteada la cuestión, comparten con los británicos el despojo a un pueblo que no les ha hecho ningún mal.

No estoy defendiendo los excesos árabes. Yo quisiera que hubiesen elegido el camino de la no-violencia para resistir lo que miran correctamente como usurpación injustificable sobre su país. Pero según los cánones aceptados de lo correcto y lo incorrecto, no se puede decir nada contra la resistencia árabe frente a las abrumadoras perspectivas que afrontan (8).

Dejemos a los judíos que proclaman ser la raza elegida que prueben su título eligiendo el camino de la no-violencia para justificar su posición en la tierra. Cada país es su hogar, incluyendo Palestina, no por medio de la agresión sino por medio del servicio amoroso (9). Un amigo judío me ha enviado un libro llamado La contribución judía a la civilización por Cecil Roth. El libro proporciona un registro de lo que han hecho los judíos para enriquecer la literatura, el arte, la música, el teatro, la ciencia, la medicina, la agricultura, del mundo. A partir de su voluntad, el judío puede rechazar ser tratado como el descastado de Occidente, puede rechazar ser detestado o patronizado. Puede conducir la atención y el respeto del mundo siendo ser humano (10), la creación elegida de Dios, en vez de ser el ser humano que va siendo hundido rápidamente por Dios en la monstruosidad y el abandono. Puede agregar a sus muchas contribuciones la sobresaliente contribución de la acción no-violenta (11).

SEGAON, 20 de noviembre de 1938


Notas

[1] Se refiere aquí a la casta de los intocables, ubicada en la parte inferior de la estructura social con sanción religiosa, característica de la cultura hindú. Gandhi, aunque profundamente hindú y religioso, sostenía enfáticamente que el tratamiento hacia los intocables debía ser completamente modificado. Creía fervorosamente en la igualdad de derechos de todos los seres humanos.

[2] Es interesante verificar en este párrafo como Gandhi, un pensador y político indudablemente asiático -y como tal no occidental- se ubica claramente en la posición de un pensador y político de la Humanidad (como era en ese entonces por ejemplo, también el caso de Martín Buber, el judío sionista). Pese a estar orgulloso de profesar y cultivar su particularismo cultural (el Hinduísmo), era un universalista. El caso de Gandhi es especialmente interesante porque, además era el indiscutido máximo líder de un movimiento de liberación nacional contra el colonialismo inglés.

[3] La pregunta tiene una visible carga retórica. Con toda seguridad, Gandhi sabía que en esa época cientos de miles de judíos habían emigrado de sus países natales en Europa. No solamente a Palestina, un destino cuantitativamente menor en esas migraciones: el principal destino fueron las dos Américas, Norte y Sur. Lo que Gandhi posiblemente no sabía es que el Sionismo –la idea según la cual Palestina era una “tierra sin pueblo para un pueblo sin tierra”, como dice la famosa frase de Theodor Hertzl a fines del siglo XIX- era un movimiento minoritario en el judaísmo. Tampoco podía saber hasta qué punto, ya en 1938, los judíos se había asimilado en sus sociedades de adopción en las Américas.

[4] Repárese en que Gandhi dice árabes, y no palestinos. Es que árabe era la identidad por la cual eran reconocidos (y auto-reconocidos) los pueblos de ese territorio –por oposición a los turcos dominantes hasta mediados de la década de 1910 y a los ingleses y franceses dominantes después-. La palabra palestinos fue apareciendo para designar a los habitantes de Palestina, el nombre que la Sociedad de las Naciones -recuperando un antiguo nombre romano- dio a una de las porciones asignadas a Inglaterra, en mandato, del territorio arrebatado al Imperio otomanos por los países triunfantes en la Primera Guerra Mundial. Se trataba de un arreglo visiblemente colonial. Ver también la Nota siguiente.

[5] Gandhi se refiere aquí al estatuto legal que tenía Palestina en la época en que escribió esta carta. Palestina había sido establecida en 1919 por la Sociedad de las Naciones como un territorio de los que habían sido desagregados del Imperio Otomano después de la Primera Guerra, sobre el cual se otorgaba “mandato” a Gran Bretaña. Ésta recibió en mandato también Jordania, mientras que Francia recibía Siria y Líbano. La situación se mantuvo hasta después de la Segunda Guerra, cuando la recién establecida ONU formuló diversos arreglos neo-coloniales, entre los cuales la partición de Palestina en tres territorios y dos Estados: uno Palestino (con dos territorios, Cisjordania y Gaza) y el otro Judío, establecido entre los dos territorios de la así creada –y nunca concretada- Palestina.

[6] Fue el Estado de Gran Bretaña el que, en ejercicio de su Mandato sobre Palestina, reconoció el derecho de los judíos a establecer su Hogar Nacional en Palestina y luego permitió su inmigración ilimitada hasta que una gran rebelión árabe en Palestina -1936-1939- hizo cambiar de política –oficialmente- al gobierno colonial. En el momento en que Gandhi escribía su carta a Buber, la inmigración seguía abierta, y los judíos estaban entrando por decenas de miles en la pequeña Palestina, entonces todavía poblada por una abrumadora mayoría de árabes.

[7] El argumento es fuerte. El judío de ultraderecha Stern, desgajado del grupo guerrillero nacionalista Irgun, parece haber estado activamente involucrado dos o tres años después en una negociación con el Gobierno nazi de Alemania, para promover una “solución final” al “problema de los judíos” en el mundo germánico , consistente en su ¡emigración masiva a Palestina, organizada por el Gobierno Nazi de Alemania, en acuerdo con los judíos ya residentes!

[8] Seguramente, Gandhi se refiere en este párrafo a la gran rebelión árabe contra los ingleses en Palestina y a otros episodios anteriores. Es posible que también supiera de las masacres de algunas decenas de judíos perpetradas en Palestina. No se puede dejar de comparar esa cifra con los más de mil cuatrocientos palestinos muertos por el Ejército israelí a principios de 2009 en Gaza -técnicamente civiles-, en un "conflicto" durante el cual hubo solamente trece muertos israelíes, diez soldados y tres civiles -muertos por los famosos cohetes Qassan-. Así como en la actualidad, tampoco justificamos a la violencia que mata algunos judíos, el texto de la carta de Gandhi en 1938 ilumina un aspecto importante de la cuestión: los “árabes” de fines de la década de 1930 estaban resistiendo a la opresión británica, mientras que los “palestinos” de fines de la década de 2000, argumentan estar resistiendo (y mucha gente no palestina, ni árabe, ni islámica, está de acuerdo con ellos) a la opresión israelí.

[9] Este es el párrafo central del argumento de Gandhi sobre la cuestión judía. A mí, como judío (que es un particularismo del universalista ser humano) me convoca completamente la perspectiva de que cada país pueda ser mi hogar por medio del vínculo amoroso: amor a la patria.

[10] Man en el original. Dada la fecha de la carta, esa palabra en esa época admitía la traducción española hombre, como sustantivo bi-genérico. Hoy la traducción literal sería inadmisible, porque traicionaría el sentido de la expresión. Por eso prefiero traducirla como ser humano.

[11] Como sabemos perfectamente, los judíos de Palestina no siguieron el consejo de Gandhi, salvo pocas y notables excepciones.

Alejandro Kaufman escribe sobre la masacre en Gaza


Qué (no) hacer frente a los crímenes

por Alejandro Kaufman
Página 12, 18 de enero de 2009

La masacre de Gaza a la que estamos asistiendo consternados sin poder hacer nada por impedirla y sin poder evitar contemplarla, como ocurre con todo lo que sucede en las agendas de los medios de comunicación de masas, dejará un corolario: la palabra árabe “naqba” (catástrofe) con que los palestinos designan la creación del Estado de Israel tendrá que quedar definitivamente incorporada a la historia y a la memoria judías. Por lo menos una versión de la memoria y de la historia judías exigirá la presencia de la naqba en los registros de la memoria de la Shoá.

Si los años transcurridos no hubiesen sido suficientes, si no hubiesen ya consumado el relato de la tragedia palestina, el acontecimiento de la naqba habrá sido definitivamente configurado por la masacre de Gaza, por el deambular aterrorizado de una multitud de un millón y medio de seres humanos en un ínfimo territorio dentro del cual fueron encerrados por un desalmado bloqueo.
En ese encierro reside el pasaje al horror específico de estos días en relación con la guerra del Líbano de hace dos años. La población civil de Gaza no tiene salida ni resguardo. Los santuarios que las normas reconocidas del derecho garantizan son vulnerados brutalmente, las fuerzas invasoras ejecutan a víctimas civiles a sabiendas, cuando podrían evitar la carnicería. No sólo la consuman sino que la justifican asignando toda la responsabilidad a quien emplea la matanza como siniestro beneficio de guerra en contra de su enemigo mortal. Nada mengua la responsabilidad criminal de los perpetradores. No hay excusa para que hayan muerto hasta la fecha más de mil personas. Centenares de niños asesinados. Miles y decenas de miles de niños heridos, mutilados o aterrorizados tienen sus vidas marcadas por el trauma de una acción bélica demencial y despiadada que sólo puede alimentar futuros odios, venganzas y violencias.

Israel actúa así porque siente que la supervivencia del exterminio nazi del pueblo judío no le deja otro camino. Que sólo depende para sobrevivir de la fuerza bruta que sea capaz de ejercer. Que amerita aliarse con los poderes más formidables e injustos con tal de sobrevivir. Que actuaría como actúa aun sin apoyo externo, como ya ocurrió en su momento. Que el mundo, cómplice de la Shoá –al menos por omisión–, no puede garantizar tampoco la supervivencia material del Estado judío, aunque puede culpar a los “judíos” de todos los males, como lo ha hecho en el pasado. Israel no respeta las voces del mundo, porque siente que esas voces que ahora la condenan fueron impotentes frente al exterminio.

Lo que Israel esperaría del mundo es que se rectifiquen las condiciones que hicieron posible la Shoá, al menos para la supervivencia pacífica del Estado judío en el Medio Oriente. Esto, que no ha ocurrido en absoluto, sólo contribuye en cambio a que, al descansar la supervivencia del Estado judío en la propia fuerza bruta, al haber transcurrido sesenta años de guerras sin perspectivas de arribar a una situación de paz y convivencia, solamente perseveró el peor camino, un camino que vemos adónde está llegando, y no sabemos hasta dónde puede llegar aún.
Un error corriente que se ha venido cometiendo es haber creído tantos, israelíes y judíos, y no judíos y no israelíes, que la supervivencia a la Shoá justificaba la existencia del Estado de Israel. No la justificaba ni la justifica. La explica, pero explica también la brutalidad de que es capaz el brazo armado de ese Estado. Lo que en cambio resulta increíble es que tantas buenas conciencias, tantas almas bellas puedan pensar que haber sobrevivido a la Shoá es aleccionador de bondad, de buen corazón, como si la Shoá hubiese sido un gran experimento moral edificante, en el que el sufrimiento habría vuelto bondadosos a los sobrevivientes. Y es que el sufrimiento, la humillación, abren el camino en espiral a nuevos sufrimientos y humillaciones. Que las víctimas puedan convertirse en victimarios, aunque no sea una ley cíclica de la condición humana, forma parte privilegiada de las posibilidades indeterminadas del alma.

Entonces, negarle a Israel el reconocimiento, amenazarla con la desaparición, asediarla y acosarla con violencia, son formas seguras de provocar su brutalización más extrema. Es lo que está ocurriendo en estos días, y no disminuye un ápice la criminalidad de las acciones israelíes, ni es razón para asignar una mayor responsabilidad a sus enemigos.

No puede haber paz en el Medio Oriente si los israelíes y el conjunto del pueblo judío no comprenden (como muchos no lo hacen) que los palestinos han sufrido injusta e indeciblemente como consecuencia de la instauración del Estado de Israel, y que han sido exiliados y masacrados.
No puede haber paz en el Medio Oriente si los palestinos no comprenden (como muchos lo hacen) a los israelíes judíos como un pueblo que volvió del exilio y sobrevivió al exterminio.

La naqba no es equivalente ni homologable a la Shoá. Tampoco su consecuencia mecánica. Son dos tragedias diferentes, cada una inconmensurable con la otra, ninguna pensable o rememorable desde estos años sin la otra.

Debemos condenar sin reservas ni mezquindades, sin falsas lealtades ni intimidaciones la violencia brutal, despiadada y criminal que los israelíes han perpetrado y perpetran contra el pueblo palestino. Ninguna otra condición es más deletérea para la supervivencia del pueblo judío en la actualidad que el inmenso daño perpetrado contra los palestinos por judíos en nombre del judaísmo. Si Hitler no consumó el exterminio físico del pueblo judío, habrá de ser la crueldad brutal infligida a los palestinos la que vacíe de todo sentido a la actualidad de la condición judía como tal.

A la vez, es necesario luchar contra el antisemitismo. El odio hacia los judíos no es suscitado por lo que los judíos hacen sino por lo que los judíos son, o han sido. Repudiar con justicia lo que los judíos hacen demanda palabras que no signifiquen condenarlos por lo que son o han sido. A tal fin es necesario respetar las memorias del pueblo judío y de la Shoá, para repudiar los crímenes perpetrados por los judíos del presente en nombre de los judíos inocentes del pasado. La preservación del legado ético del pueblo judío requiere ese repudio inequívoco.

Lo dilemático es que si la oposición radical a la violencia criminal perpetrada por Israel no se deslinda del antisemitismo, entonces se contribuye a consumar la voluntad exterminadora que el nazismo ejerció contra el pueblo judío. Quien dibuja una svástica junto a una estrella de David, con conocimiento o sin él, con odio antijudío ostensible o inconsciente, adhiere al ciclo interminable de violencia y odio que en la historia han mortificado y perseguido a los judíos. De esta manera sólo se conseguirá la prosecución del horror, no la difícil construcción de la paz. Habrá que comenzar a preguntarse si quienes condenan la violencia israelí con saña antisemita lo hacen por compasión con los palestinos o por odio a los judíos. A esto alude el poeta palestino Majmud Darwish en su intervención en la película de Godard, Notre musique. Es una pregunta que hoy mismo se impone.

Necesitamos oponernos a las acciones criminales de Israel sin profanar la memoria de la Shoá. Para ello contamos con un instrumento precario y frágil, el corpus de los derechos humanos, instituido en su forma y legitimidad actual como consecuencia del horror de la Segunda Guerra Mundial, que incluyó la Shoá como emergente radical del mal. Esa tenue plataforma es lo único con lo que contamos para luchar por la justicia en lugar de atizar las llamas del odio y la violencia.
Hagámoslo, por difícil y débil que sea. Usemos el único recurso posible frente a la desesperación.

Los resultados de la operación militar en Gaza

Los números que dejó la guerra en Medio Oriente

La ofensiva israelí en la Franja de Gaza tuvo más de 1200 muertos, 5000 heridos y daños en infraestructura por varios millones de dólares


Las víctimas palestinas. Fueron 1.205 los muertos que señalan los servicios hospitalarios en Gaza. De las víctimas civiles fueron, 410 eran niños y adolescentes menores de 16 años, 108 eran mujeres, 113 eran ancianos, 14 eran doctores, 4 eran periodistas. Además, se registraron 5.300 heridos palestinos.

Las víctimas israelíes. Fueron 13 los muertos según servicios hospitalarios de Israel, de los cuales diez eran soldados (nueve fallecieron en combates y uno fue abatido por un cohete) y tres eran civiles. Se registraron decenas de heridos.

Entre los 2.500 objetivos atacados por la aviación y la marina israelíes en Gaza, fueron destruídas:

4 escuelas gestionadas por la ONU

1 complejo de la Agencia de la ONU de Ayuda a los Refugiados Palestinos (UNRWA).

2 edificios de la prensa

16 centros médicos

16 ambulancias

Los destrozos en Gaza, según los datos de la Oficina de Estadísticas palestina:

475,9 millones de dólares en desperfectos en las infraestructuras

500 millones de dólares estimados para tareas de limpieza y retirada de escombros.

4.000 edificios de viviendas destruidos

16.000 edificios residenciales dañados

1.500 instalaciones comerciales dañadas, incluido fábricas y tiendas.

51 edificios gubernamentales destruidos, incluido ministerios y centros policiales.

18 escuelas y otros centros educativos destruidos

20 mezquitas destruidas

50 kilómetros de rutas destruidas

La Nación, Buenos Aires, 7 de enero de 2009

16 de enero de 2009

Un palestino de Jerusalem habla del conflicto


Salman Masalha

POR UNA PARTE y POR OTRA PARTE
Tomado de: In Space

La situación que se ha desarrollado en esta tierra que se extiende desde el mar Mediterráneo al río Jordán - llámese la tierra de Israel, si usted así le gusta, o llámela Palestina o cualquier otro nombre que cruce sus labios - es sobre todo una tragedia generada por la mano del hombre, aunque los cielos la han rozado.

Por una parte, la organización Hamas, tristemente, no está combatiendo contra la ocupación israelí. Cualquiera persona que reclama, por lo contrario, debe primero que nada tener las pruebas de boca del portavoz mismo de la organización Hamas. Mientras el demandante no defina los límites de la ocupación y no reafirme su reclamo con citas de la boca de Hamas que está resistiendo “esta ocupación”, cualquier cosa que se diga será el equivalente a la vanidad de vanidades, para decirlo suavemente.

La organización Hamas en Palestina, como Osama bin Laden y los Talibanes que lucharon contra la ocupación soviética en Afganistán con la incitación y la ayuda de los Estados Unidos, nacieron con el auxilio del ocupante israelí y son equivalentes a un Golem que se ha alzado y se ha vuelto contra su creador. Hamas disfrutó durante muchos años de la ayuda de los líderes de la ocupación israelí, que quisieron crear un contrapeso a la Organización para la Liberación de Palestina, que había emprendido ya la lucha palestina para la liberación nacional.

Este ensayo fue hecho después del intento - y de su primer fracaso - por los líderes de la ocupación que se nutrieron de una concepción orientalista equivocada que había impulsado hacía ya varios años antes la creación de las asociaciones de asentamientos en los territorios ocupados para constituir un contrapeso al liderazgo urbano, que había alcanzado la OLP en su desarrollo.

La organización Hamas, en que está inmersa profundamente en la ideología islámica, pone en peligro primero y principalmente al nacionalismo palestino, y esto por la simple razón que niega enteramente este nacionalismo, que no hace ningún otro nacionalismo árabe. Desde la perspectiva de Hamas y de su ideología islámica, Palestina no es nada más que una franja de tierra ocupada que pertenece a la nación musulmana que al mismo tiempo aspira a restaurar su gloria antigua bajo la forma de gran califato islámico del cual Palestina constituye solamente una provincia minúscula. La organización de Hamas ha sacado fuerzas no sólo del éxito de la revolución Jomeinista que se arraigó en Irán, sino también del “Hamas judío” que ha emergido en Israel como consecuencia de la profundización de la ocupación israelí en los territorios palestinos después de la guerra del junio de 1967.

Por una parte, aquí en las últimas décadas, todos los movimientos que Israel y sus numerosos gobiernos han hecho, están dirigidos a continuar la ocupación israelí, profundizándola y perpetuándola para frustrar la posibilidad del establecimiento de un estado palestino en esos territorios. Cabe destacar que incluso el acuerdo de la paz que Israel se vio obligado a firmar con Egipto fue suscrito al final con los dientes apretados por parte de la derecha israelí que cree en las ocupaciones. El acuerdo de paz con Egipto, incluso, fue hecho, entre otras cosas, para neutralizar al mayor de los países árabes para poder continuar con la ocupación de los territorios palestinos. “La autonomía palestina” que fue incluida en ese acuerdo reveló las intenciones verdaderas de Israel, en el plan de autonomía, como lo dejó en claro Menachem Begin, en 1979; al señalar que la referencia era para la autonomía de personas y no para la autonomía del territorio. En otras palabras, los habitantes palestinos administrarían sus propios asuntos pero no tendrían el derecho de administrar el territorio. De hecho, el territorio, según el “Hamas judío,” es tierra judía sagrada que ningún gobierno tiene el derecho a renunciar. Y así, la ocupación se profundizó y los asentamientos judíos fueron ampliados y se multiplicaron.

De esta manera, así como el Hamas palestino es hostil al interés “nacional” palestino, así también el “Hamas judío” es hostil al interés “nacional” israelí. Y así, en el contexto del conflicto las dos “nuevas naciones emergentes” se han hundido gradualmente en la arena movediza nacional-religiosa; y cuanto más profundo se hunden en la ciénaga de Israel y en el cenagal de Palestina, más se sumen los que demanden exclusividad sobre el pantano, así como los que se están hundiendo en él, peleándose entre sí y ahogando a cada vez más gente bajo sus pies opresores.

Para rescatar a los habitantes de este pantano de arenas movedizas del destino que es conocido y se espera por ambos lados, se hace necesario continuar el proceso para desecar el pantano en vez de pasar el lodo de un lado para otro, en el momento en que los dos grupos están chapoteando en él y en todo caso, empapados de sangre.

Aunque el proceso de desecado no sea fácil porque requiere de un cambio en la conciencia, la única forma de salir del fango, en el que ambos lados continúan forcejeando, es una transformación de la cultura que creó el pantano y que está devorando a sus habitantes. Ni los sepulcros de patriarcas judíos ni los sepulcros de patriarcas árabes deben ser las aspiraciones de judíos y de árabes, porque quienquiera que santifique sepulcros de patriarcas terminará enterrando a sus propios hijos en ellos. Este pantano ya se ha tragado a muchos hijos, de ambos lados, y está aún con sus fauces abiertas.No soy creyente en nacionalismos de ninguna clase. En mi concepción, el nacionalismo es una enfermedad seria de la raza humana y cuando se mezcla con la religión que santifica sepulcros se convierte en una enfermedad maligna y contagiosa, y ésta es la realidad en la que se ha convertido en esta tierra ante nuestros propios ojos.

Por tanto, esta tierra de arenas movedizas necesita liderazgos valientes, tanto en el lado israelí como en el palestino. Esta tierra necesita una administración israelí valiente que actúe de una manera seria, sin tardamudeos o reprimendas, para terminar la ocupación en todos los territorios ocupados desde 1967. Sí, incluyendo Jerusalén oriental palestino. Esta tierra de arenas movedizas necesita igualmente una dirección palestina valiente que también actúe seriamente, sin vacilaciones o sermones, para terminar la ocupación de 1967 y para hablar valerosa y francamente a su gente para lograr el reconocimiento recíproco entre ambas tierras como dos estados independientes con todo lo que eso conlleva en el derecho internacional. El momento en el que cada uno de los dos pueblos, en dos estados independientes, construya un estado secular y democrático en su propio lado, dejando en claro, que la frontera entre ambos no tendrá ningún significado. Hasta entonces, seguiremos esperando a dos “Mesías,” un Ataturk israelí y un Ataturk palestino. Hasta entonces, ambos lados tendrán que darse cuenta que no hay mayor tierra de Israel y no hay una mayor Palestina.

Cada uno en cuyo corazón el amor de esta tierra entera, con todos sus paisajes, sus lugares y sus habitantes, esté plantado profundamente debe pensar en repartírsela entre un Israel más pequeño y una Palestina más pequeña. Precisamente en este caso, es el reparto el que preservará el conjunto, porque si no, no será tierra de la vida, ni para los judíos ni para los árabes, ni para los israelíes ni para los palestinos. Porque si no, solamente la muerte tendrá aquí un país floreciente.

(Traducción al español: Sergio Badilla Castillo)